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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 898

Rafael hacía sus cálculos en secreto.

Sofía le echó una mirada rápida y, perdiendo la paciencia para seguir allí, se dio la vuelta para irse.

De perfil, su rostro hermoso mostraba una mezcla de crueldad y encanto.

Curvó los labios, le hizo un gesto de despedida a Rafael con la mano y una sonrisa burlona cruzó su cara fugazmente.

—Rafael, todo está por comenzar.

Antes de que Rafael pudiera reaccionar, solo quedó esa frase flotando en el aire con un tono misterioso.

Rafael sintió un escalofrío inexplicable en todo el cuerpo. Cuando volvió en sí, ya no había nadie afuera, como si Sofía nunca hubiera estado allí.

Sofía no se fue de inmediato; fue a buscar al jefe de la delegación.

Al verla, el jefe bajó la taza de café que estaba a punto de beber. Se limpió las migajas de pan de la comisura de los labios con una servilleta, un poco apenado por la presencia de Sofía.

—Señorita Sofía, ¿qué la trae por aquí?

Sonrió con amabilidad y le hizo una seña al policía que estaba a su lado para que le acercara una silla a Sofía.

Santa Fe había establecido esa delegación de supervisión en Olivetto, pero casi nunca intervenían. Esta vez tomaron el control forzosamente porque recibieron instrucciones previas de la familia Santana.

Sabían bien que la persona frente a ellos era la heredera legítima de la familia Santana.

Sofía asintió cortésmente hacia el jefe:

—Venía a pedirle un favor, pero parece que ya no es necesario. Sin embargo, ¿me permite preguntar por qué no procedió la fianza de Rafael?

El jefe, que estaba algo nervioso por la llegada de Sofía, se relajó al oír la pregunta.

—Fue una decisión tomada tras mucha consideración.

Dijo de forma vaga y le guiñó un ojo a Sofía.

—¿Ah, sí?

—Es usted muy amable, así lo haré.

Sofía no se quedó más tiempo. Tomó su bolsa y salió a zancadas. Flora Palacios estaba en el asiento del conductor esperándola.

—¿Qué tal? ¿Te vas acostumbrando?

Al verla, la mirada de Sofía se suavizó como agua de manantial.

Flora soltó una risita y acarició el volante:

—Dijiste que me darías un trato de lujo, pensé que me estabas choreando. ¿Cómo no me voy a acostumbrar? Me acostumbro demasiado bien.

Chasqueó la lengua:

—Sofi, me curtí tantos años en la cárcel que sentía que quedarme ahí ya no tenía chiste. Mejor salir a ver mundo. Tengo que agradecerte por lanzarme el salvavidas.

Cuando Sofía le ofreció la oportunidad, Flora renunció a su trabajo en la prisión casi sin pensarlo.

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