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Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico romance Capítulo 135

~Scarlett~

Mi plan solo funcionaría si Ava se alejaba de Sebastián, lo cual casi nunca pasaba. Me acerqué con cuidado al borde de la escalera, despacito, así sin dejar que me vieran.

En la sala solo estaba encendido el candelabro. La tenue luz amarilla parecía místicamente envolver a la gente en un hechizo embriagador, y el aire olía digamos que con una química sensual. Y más con ayuda del alcohol, era como si a todos les hubieran robado la razón, bailaban al monótono ritmo de la música, reían y de vez en cuando se besaban.

La fiesta ahora sí que había empezado.

Tenía puesto un vestido sencillo para que no llamara tanto la atención. A diferencia de Sebastián...

Me sorprendí un poco al verlo sentado solo en la barra, con un trago en la mano. Se veía serio y aburrido, pero por suerte para mí, no parecía que fuera a moverse. Cuando lo miré, fue como si él hubiera sentido mi mirada, levantó la vista y me encontró.

Se le dibujo una sonrisa amable, sin ninguna mala intención.

Igual que el día en que me salvó.

Reprimí ese recuerdo y bajé las escaleras. Me acerqué a él en silencio, mientras el me miraba un poco sorprendido, su teléfono estaba en la mesa justo al lado de su mano. Siempre lo tenía en silencio, pero no se le escapaba ninguna notificación.

—No pensé que fueras a salir otra vez —dijo con una sonrisa, y sus ojos mostraban una felicidad genuina.

—¿Cuánto has tomado? —le dije, pero su sonrisa pareció detenerse. No era lo que quería. Necesitaba una conversación buena, algo que lo distrajera.

—Una o dos copas—desvió la mirada, como si no hubiera entendido lo que yo quería decir, y chasqueó los dedos para llamar al barman— ¿Quieres algo? ¿Gin tonic?

—Sí, claro, gin tonic con pepino —le dije

Se veía un poco mareado. Durante el primer año de matrimonio tuve que ir a recogerlo de los bares para llevarlo a casa, y sabía muy bien cómo se ponía cuando se emborrachaba, y hoy necesitaba emborracharlo al máximo.

—Tú solo tomas eso —se rio, inclinando un poco la cabeza para mirarme a los ojos— ¿Nunca te dio curiosidad probar otra cosa?

—Lo dice el hombre que amó a una sola mujer toda su vida.

Sebastián apretó los labios, y yo me mordí los míos, frustrada.

Sentí que había algo triste en sus ojos, aunque puede que solo me lo haya imaginado porque estábamos un poco a oscuras.

—¿Recuerdas cuando me emborrachaba casi todos los dias? —dijo mientras levantaba su vaso y se terminaba su trago— Creo que fue cuando me enamoré de la segunda mujer que he amado, y me odié por eso, y le eché toda la culpa a ella.

—¿La primera mujer es... Ava? —pregunté. Nunca había visto a Sebastián así. Lo había visto feliz cuando estaba con Ava, también molesto, enojado, frustrado, desesperado. Pero así, no. No sabía cómo describirlo.

—Y la segunda, tú.

Habría sido una confesión bonita si su tono no sonara tan triste. El barman aprovechó para servir el trago, y yo usé ese momento para empujar su celular junto a mi bolso hacia un lado, casi detrás de mí, y luego le puse el vaso cerca de su mano.

—Tú también puedes probar un sabor diferente.

Él me miró con tristeza antes de coger el vaso y tomárselo de un solo sorbo. Aproveché y deslicé su teléfono, dejándolo en la silla que estaba detrás mío.

—Lo siento mucho —murmuró después de dejar el vaso sobre la barra— Por no haber entendido lo que estaba sintiendo por ti. Perdón por haberte lastimado, por no querer aceptar lo que hacía.

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