~Sebastián~
Me sorprendió bastante que Scar fuera quien iniciara la conversación, hasta que me di cuenta de que... era porque evidentemente quería algo de mí.
Ella era un alma libre, todo lo contrario a Ava. Sin tapujos ni remilgos, decía lo que pensaba y siempre hacía lo que quería. Pero era rara cuando quería algo en específico, ahí si se convertía en una mujer tranquila que trataba de portarse bien, de agradar y de contenerse.
Antes eso me molestaba. Sentía que siempre estaba pidiendo cosas, mientras que Ava nunca pedía nada. Además, lo hacía de una forma tan tímida, como si me tuviera miedo, y eso no me gustaba.
Scar les preguntaba a todos mis amigos menos a mí qué podría regalarme, y después me preguntaba si me había gustado el regalo. Si le decía que sí, sonreía con emoción y me decía con una pregunta suave:
—¿Entonces me toca un día entero contigo? ¿Solo nosotros?
No me gustaban esas "dobles intenciones" en sus regalos, así que odiaba cuando me daba algo. Sentía que siempre había una espinita detrás de todo lo que daba. Nunca pensé en lo difícil que era para ella conseguir lo que quería. Nunca entendí su miedo al hacer esas preguntas.
En cambio Ava simplemente decía:
—El domingo quiero ir a la playa. Vas a venir, ¿sí?
Yo estaba tan ciego.
No veía que había hecho para que Ava tuviera tanta seguridad al decirme algo, mientras que a Scar la rechazaba tanto, que ahora hasta tenía miedo de pedirme cosas. Sus "deseos" eran bobadas que yo debí darle sin que ella tuviera que decir nada. Solo lo pedía porque yo ya le había fallado, y lo hacía con miedo porque pensaba que no podría convencerme.
Y le demostré que tenía razón, una y otra vez.
Pero eso no quitaba que doliera, ver cómo me engañaba.
Ella nunca me había mentido. Ni una sola vez. Odiaba las mentiras y decía que la base del matrimonio era la honestidad.
Una vez le mentí, sobre salir con Ava. Ni recuerdo a qué iba a salir con ella, pero para evitar que Scar se pusiera celosa y empezara una pelea, no le dije a dónde iba. Fue la pelea más fuerte que tuvimos en años. A Scar no le gustaba que pasara tiempo con Ava, aunque trataba de entenderlo y hacía todo lo posible por aceptarlo. Pero no aguantó esa mentira, por más que entre Ava y yo no pasara nada.
Nunca volví a mentirle, así me tocara resignarme a que cuando habláramos sobre Ava íbamos a terminar peleando.
Nunca se lo dije, pero me gustaba cómo enfrentó esa mentira: en casa no se miente. Esa es la mejor regla que había puesto. Se convirtió en una de las tantas cosas que hacían que vivir con Scar fuera fácil. Su sinceridad hacía de nuestra casa un lugar seguro, donde yo podía bajar la guardia, relajarme, sabiendo que la persona a mi lado era alguien en quien podía confiar.
Pero ahora, ella podía mentirme.

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