Al principio, le pidió que le explicara las exhibiciones.
Luego, como no le gustó cómo lo hacía, le pidió que descargara una aplicación. Y así, recorrió el museo escuchando las explicaciones de la audioguía.
Paloma lo siguió, sintiéndose un poco tonta.
***
El semáforo se puso en rojo.
Arón detuvo el carro.
Al levantar la vista, le pareció ver a Paloma, de la mano de un niño.
Cuando quiso enfocar la mirada, ya no estaban.
Se frotó las sienes.
Le dolía la cabeza.
No había descansado bien en los últimos días. ¿Estaría alucinando?
Seguramente se había equivocado.
Desde que se había reencontrado con Paloma, su imagen aparecía en su mente a cada rato.
Incluso soñaba con ella.
En el sueño, Paloma lo miraba con frialdad y le decía: «Arón, no somos compatibles, terminemos. Quiero casarme con un hombre rico, no quiero preocuparme por el dinero. Eres muy guapo, pero no tienes dinero. Lo siento, pero no podemos seguir juntos».
Hacía mucho tiempo que no tenía ese tipo de sueños. Solían atormentarlo justo después de que rompieron.
Se despertaba a mitad de la noche y no podía volver a dormir.
Y ahora, le estaba pasando de nuevo.
Se despertaba a medianoche, incapaz de conciliar el sueño.
Se sentía irritable.
Y la culpable de todo era Paloma.
***
Paloma llevó a Fede a cenar a un restaurante antes de volver a casa.
Cuando el niño se durmió, se puso a preparar sus cosas para la escuela del día siguiente. Estuvo ocupada hasta las once de la noche.
Sin importar qué tan tarde se acostara, su reloj biológico siempre la despertaba a las seis de la mañana.
Se levantó y preparó el desayuno.
A las siete, Fede se levantó y salió de su cuarto bostezando.
—¡Buenos días, mamá!
Paloma se giró y le sonrió con ternura.
—¡Buenos días, Fede!
Fede era muy independiente: se lavaba los dientes, la cara y se vestía solo.
Cuando estuvo listo, se sentó a la mesa a desayunar.
Paloma se sintió muy orgullosa.
Su hijo no le daba muchos problemas.
Podía concentrarse por completo en su trabajo.
En Tierra de Arena, Damián no era así.
Cambiaba de mujer como de camisa.
Cada pocos días, alguna aparecía en la oficina para armar un escándalo.
En esos momentos, Damián se escondía y la dejaba a ella para que resolviera el problema.
Así fue como había hecho renunciar a sus secretarias anteriores.
En aquel entonces, Paloma acababa de tener a su hijo y había pasado dos años sin trabajar.
Cuando quiso reincorporarse al mundo laboral, ninguna empresa la quería contratar.
Envió muchísimos currículums, pero no recibió respuesta.
Entonces, cambió de estrategia y empezó a aplicar a cualquier trabajo, sin importar si estaba relacionado con su carrera.
La encargada de recursos humanos de la filial del Grupo Juárez estaba desesperada. Damián hacía renunciar a una secretaria tras otra.
Así que, al igual que ella, empezó a buscar candidatos a diestra y siniestra.
Y la llamó a ella, una mujer sin experiencia, para una entrevista.
Paloma necesitaba un trabajo con urgencia.
Aceptó todas las condiciones que le pusieron.
Y la contrataron.
***

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