«¿Acaso Damián iba a pedírmelo a mí?», pensó. «¿Por qué cambió de opinión?».
Bueno, era mejor no tratar de adivinar lo que pasaba por la cabeza de su jefe.
Además, ella tampoco quería ir a Tecnología Andina.
Sería muy incómodo si se encontraba con Arón.
***
Tecnología Andina.
El secretario, Enrique, entró en la oficina.
—Señor Zapata, la gente del Grupo Juárez ha llegado.
La mano de Arón se detuvo un instante, pero continuó firmando el documento con trazos rápidos y seguros.
—Llévalos a la sala de juntas y que esperen.
—Entendido, señor Zapata.
Damián y su asistente esperaron más de diez minutos en la sala de juntas antes de que Arón apareciera.
Al entrar, Arón echó un vistazo a su lado.
Su expresión pareció endurecerse.
Damián sintió un nudo en el estómago.
No lograba descifrar las intenciones del heredero.
Cuando Arón tomó asiento, Damián le entregó un expediente.
—Señor Zapata, esta es la propuesta del Grupo Juárez para el resort de San Telmo del Este. Échele un vistazo y, si hay algo que no le parezca, lo llevaré para que lo corrijan.
Arón lo tomó, pero sin mirarlo, lo dejó sobre la mesa.
Damián hizo una pausa y luego comenzó a exponer sus ideas sobre el proyecto.
Arón respondía con monosílabos, y era evidente que no le interesaba.
A los pocos minutos, se levantó y se fue, diciendo que tenía una reunión.
Damián se quedó sin palabras.
Era la primera vez que le hacían un desplante así.
Y no le gustó nada.
Enrique, pensativo, tomó la propuesta del Grupo Juárez y acompañó a Damián y a su asistente a la salida.
De vuelta en el Grupo Juárez, la asistente contó lo sucedido en Tecnología Andina.
—Ese heredero es un arrogante. Ni siquiera le echó un vistazo a nuestra propuesta y se fue a los cinco minutos.
Paloma, que estaba cerca, escuchó todo sin decir una palabra.
Al día siguiente, Damián la llamó a su oficina.
Le arrojó un expediente.
—Esta es la propuesta del Grupo Juárez para el resort de San Telmo del Este. Llévasela al señor Zapata.
Paloma no entendía nada.
—Pero ¿no se la llevaron ayer?
El rostro de Damián estaba sombrío.
—Señorita Paloma, soy Enrique, el secretario del señor Zapata. Él está en una reunión ahora mismo, la llevaré a su oficina.
Paloma no se movió.
—Señor Enrique, ¿puedo dejarle el documento a usted para que se lo entregue al señor Zapata?
—Me temo que no. Es mejor que se lo entregue usted misma.
Aunque Enrique no sabía qué se traía entre manos su jefe, estaba claro que todo ese embrollo era para que la señorita Paloma viniera.
No podía dejarla ir.
A Paloma no le quedó más remedio que seguir a Enrique.
—Señorita Paloma, el señor Zapata terminará su reunión en un momento. Puede esperarlo en su oficina.
La puerta de la oficina se cerró con un golpe seco.
Paloma se quedó de pie en medio de la lujosa oficina, cuya decoración, sin embargo, resultaba fría e impersonal. Estaba un poco confundida.
Tenía la sensación de que Enrique la había encerrado ahí a toda prisa, como si temiera que se escapara.
No se atrevió a curiosear ni a tocar nada.
Se sentó en el sofá, muy erguida.
Le habían dicho que sería rápido, pero esperó veinte minutos.
Justo cuando volvía a mirar la hora, la puerta se abrió.
La imponente figura de Arón apareció en el umbral.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ella Ocultó al Heredero del Presidente