Fueron tiempos difíciles, pero logró superarlos.
Damián era un mujeriego que coqueteaba con todas, incluidas las empleadas de la oficina.
Intentó propasarse con ella.
Y ella le soltó una buena tunda.
Pudo hacerlo porque él estaba borracho y no estaba en sus cinco sentidos.
Si hubiera estado sobrio, no habría podido.
Ya se había hecho a la idea de que la despedirían.
Pero, para su sorpresa, al día siguiente, Damián se disculpó con ella, y de una forma muy sincera.
—Paloma, lo siento. Anoche bebí de más y te confundí con otra persona. ¿Puedes perdonarme?
Paloma lo perdonó.
Necesitaba ese trabajo.
Desde entonces, Damián no volvió a propasarse con ella.
Estaba convencida de que esa noche realmente la había confundido con alguien más.
***
El sonido de unos tacones resonó en el pasillo.
Paloma volvió en sí.
Una mujer irrumpió en la oficina con aire amenazador.
Llevaba unos tacones de diez centímetros, el cabello ondulado y un vestido rojo ajustado y corto.
Tenía buen cuerpo.
Seguramente era otra de las conquistas de Damián.
Paloma suspiró.
«La cabra siempre tira al monte».
Sus días de paz habían terminado.
—¿Dónde está Damián? —gritó la mujer—. ¡Vengo a buscarlo, díganle que salga!
Paloma nunca había visto a nadie tan arrogante.
La mujer se dirigió a la oficina del director general.
—¿Damián está en su oficina, verdad?
Como secretaria de Damián, Paloma era experta en manejar este tipo de situaciones.
Se acercó con una sonrisa y le bloqueó el paso.
—Señora, lo lamento, pero nuestro director no se encuentra en la oficina.
La mujer frunció el ceño.
—No te creo. ¡Seguro que está ahí!
Y sin más, intentó entrar a la fuerza.
Paloma la detuvo.
—Señora, no puede entrar así.
—¡Quítate!
La mujer la empujó.
Parecía que quería golpear a alguien.
Paloma vio cómo se le marcaban las venas en el dorso de la mano.
Seguramente se estaba conteniendo.
—Fue papá quien me pidió que volviera —dijo Damián.
—Si te pide que vuelvas, vuelves. Si te pide que comas mierda, ¿también lo haces? —gritó Lorena.
—¡Lorena! ¡No te pases!
—¿Y qué si me paso? ¿Acaso tú, un bastardo, tienes derecho a estar aquí?
Damián sacó su celular e hizo una llamada.
Al instante, sonó el celular de Lorena.
Al ver quién llamaba, le lanzó una mirada furiosa a Damián y contestó.
No se sabe qué le dijeron, pero Lorena se fue echando chispas.
Damián recibió otra llamada y también se fue.
Cuando regresó, miró a Paloma como si fuera a decirle algo, pero de repente cambió de dirección y se dirigió a una de las asistentes.
—Prepara tus cosas, vamos a Tecnología Andina.
Tecnología Andina.
La empresa de la familia Zapata.
Paloma se quedó perpleja.
***

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