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Ella Ocultó al Heredero del Presidente romance Capítulo 5

Paloma ya se esperaba esa pregunta, así que tenía una respuesta preparada.

—Nada en especial. Trabajé un tiempo en la filial de Tecnología Andina en Tierra de Arena, y el señor Zapata estaba ahí en ese entonces. Coincidimos laboralmente.

—Pero en aquel momento, yo no sabía que era el heredero de los Zapata.

—¿Ah, sí?

—Sí.

—Pues a mí me parece que tu hijo se parece mucho a él.

Paloma se sobresaltó, abriendo sus ojos almendrados de par en par.

—Director Juárez, no diga esas cosas, ¿en qué se parece? ¡No se parece en nada! Si el heredero se enterara, pensaría que quiero aprovecharme de él.

Damián había visto a Fede el año pasado, en Tierra de Arena.

Ese día, Fede se había enfermado y no fue al kínder. Como no tenía con quién dejarlo y estaba muy ocupada, se lo llevó a la oficina, y Damián lo vio.

Sabía que tenía un hijo.

Lo había leído en su expediente personal.

Incluso lo cargó y jugó con él un rato.

En realidad, Fede no se parecía tanto a Arón, se parecía más a ella.

Los ojos seductores de Damián la escudriñaban, como si intentaran leerle la mente.

—¿Quién es el padre de tu hijo?

Sabía que Paloma no estaba casada, que era madre soltera.

—Director Juárez, eso es un asunto personal que prefiero no discutir.

—De acuerdo, no preguntaré su nombre. ¿El padre del niño está vivo o muerto?

Paloma se quedó sin palabras.

Tras un momento de duda, respondió:

—Muerto.

Al final, era como si lo estuviera.

No tenía intención de que Fede y Arón se conocieran.

Arón se casaría y tendría sus propios hijos.

Fede era solo suyo.

Damián guardó silencio por un momento y luego, con un gesto, le indicó que podía irse.

—Puedes retirarte.

***

Últimamente, los días en Valle Húmedo habían sido grises y lluviosos.

Y justo a la hora de la salida, comenzó a llover de nuevo.

Paloma no traía paraguas.

Y con la lluvia, era casi imposible conseguir un taxi.

Revisó la aplicación varias veces, pero ningún conductor aceptaba el viaje.

Miró la intensidad de la lluvia y, resignada, corrió hacia la parada del autobús.

Cuando llegó, su saco estaba empapado.

Se lo quitó y lo sostuvo en la mano.

Se quedó solo con la blusa blanca que llevaba debajo.

Con la lluvia, el autobús también tardaba más.

Se sentó en la banca de la parada a esperar.

De repente, un Maybach negro se detuvo frente a ella.

La ventanilla bajó, revelando el apuesto rostro de Damián.

—Sube.

Paloma negó con la mano.

—No es necesario, director Juárez. Tomaré el autobús.

—Está lloviendo a cántaros y es hora pico. El autobús va a tardar una eternidad.

Paloma pensó que todavía tenía que ir a casa de Noelia a recoger a su hijo.

Así que no se negó más.

Tomó su bolso, se acercó y abrió la puerta del carro para subir.

No se atrevió a que su jefe le hiciera de chofer, así que se sentó en el asiento del copiloto.

Apenas se acomodó, una serie de bocinazos urgentes sonó detrás de ellos.

Damián volteó a ver.

Era un Bentley de edición limitada.

En Valle Húmedo, quienes conducían ese tipo de carros no eran gente cualquiera.

Tan impaciente, seguro era algún niño rico que le había robado el carro a su papá para salir a pasear.

Damián estuvo a punto de bajarse para ponerlo en su lugar, pero lo pensó mejor.

Con la lluvia, cualquier discusión provocaría un embotellamiento en esa calle.

Paloma se abrochó el cinturón de seguridad.

—Director Juárez, por favor, lléveme a Jardines de San José.

Damián arrancó el carro.

—¿Vives por ahí? —preguntó casualmente.

—No, una amiga vive ahí. Dejé a mi hijo en su casa para que me lo cuidara, voy a recogerlo ahora.

Damián sabía que Paloma criaba a su hijo sola y además trabajaba.

—Director Juárez, es ese edificio.

Damián detuvo el carro.

Paloma se desabrochó el cinturón y se giró para agradecerle.

—¡Muchas gracias por hoy, director Juárez!

—Solo te traje porque estaba lloviendo muy fuerte.

Paloma se quedó perpleja por un segundo y luego sonrió.

—Bueno, de todas formas se lo agradezco mucho. De no ser por usted, todavía no habría llegado a casa.

—Que tenga cuidado en el camino, director Juárez.

Damián le hizo un gesto con la mano.

—Baja ya, tengo prisa por llegar a casa.

Paloma se apresuró a bajar del carro y corrió hacia el edificio.

***

Noelia vio que su ropa estaba empapada.

Le quitó el bolso y el saco, colgó el primero y echó la ropa a la lavadora.

—Ve a darte un baño rápido, no te vayas a resfriar.

Paloma no se hizo del rogar y se dirigió al baño.

—Noelia, gracias por cuidar de Fede hoy. Está lloviendo a cántaros, así que creo que Fede y yo nos quedaremos a dormir. Tendrás que aguantarnos.

—¡Mejor para mí! Si no fuera porque insistes en mudarte, me encantaría que vivieras conmigo.

Vivir con Paloma era una maravilla.

Siempre se ofrecía a limpiar la casa.

Y cocinaba delicioso.

Mucho más confiable que cualquier hombre.

—Espera, te traigo ropa.

Paloma ya se había llevado sus cosas.

Noelia buscó una de sus pijamas y se la dio.

Después de bañarse, Paloma le leyó un cuento a Fede.

El pequeño se quedó dormido mientras escuchaba.

Paloma cerró el libro y contempló el rostro dormido de su hijo, sintiendo una ternura inmensa.

Le había prometido a Fede que encontraría a su papá.

Ahora, tendría que romper su promesa.

***

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