ANDY DAVIS
El señor Smith había sido despedido delante de todos los empleados, de manera humillante, justo cuando se disponían a salir a almorzar. Los gritos que le dio a Nick, el de recursos humanos, inundaron toda la oficina, pero Nick no parecía perder la calma. Las voces resonaban en las paredes, mezclándose con el crujido de las sillas y el murmullo contenido de quienes presenciaban el espectáculo.
Echando humo por la boca, Smith salió de ahí hecho un caos, pareciendo un toro de lidia, iracundo y buscando con la mirada a quién se la iba a pagar. Sus pasos resonaban en el piso de baldosas como martillazos, y su sombra se alargaba grotescamente bajo la luz.
En ese momento la chica de los lentes gruesos que había encontrado en la copiadora se me acercó sin apartar la mirada de Smith.
—Bien hecho, nueva. Nadie había logrado enfrentarlo y salir victoriosa. Has vengado a muchas que hemos sido víctimas de ese bastardo. —Me dio un par de palmadas en la espalda con una sonrisa cómplice.
Me quedé más sorprendida que satisfecha. Sus palabras resonaban en mi mente, pero era la oleada de miradas brillantes y sonrisas cálidas de las demás empleadas lo que comenzó a llenar mi pecho de un extraño orgullo.
Lamentablemente la sensación de triunfo fue corta. Antes de que pudiera saborear la victoria, Smith regresó sobre sus pasos, furioso, con los ojos inyectados de sangre y echando chispas. Me señaló con el dedo, su voz atronó por encima del silencio que había dejado su partida:
—¡Eres la amante del jefe! ¡Del que está por encima de todos nosotros! No hay otra explicación para que despidan a alguien tan importante como yo.
El murmullo que siguió fue como una ola que se estrelló contra mis oídos.
—Suficiente, Smith, no voy a tolerar que continues con tu berrinche. —Nick le llamó la atención y le señaló con la mano la salida para que se fuera, pero Smith no parecía dispuesto a ceder.
—Es eso, ¿cierto? ¡Tengo razón! ¿De qué otra manera una novata como ella tendría tanto poder? ¡Imposible que despidan al mejor elemento de su grupo jurídico solo por el lloriqueo de esta tonta! —refunfuñó Smith haciendo que todos los oficinistas ahí comenzaran a dedicarse miradas llenas de sospechas.
—¡Basta! Quise que esto fuera diplomático, pero no me dejas otra opción. —Antes de que pudiera seguir vomitando acusaciones, Nick llamó a los guardias de seguridad que arrastraron a Smith fuera de la oficina.
—¡No solo es la amante de alguno de los superiores! ¡De seguro debe de ser del mismísimo dueño de la empresa! ¡No hay otra explicación! —gritaba mientras lo llevaban hasta que por fin desapareció de nuestra vista.
El silencio que quedó fue profundo, casi doloroso. Sentí que mi estómago se encogía, queriendo esconderse en el fondo de mi abdomen. Los murmullos comenzaron a subir de tono, llenando el aire con ecos de incertidumbre. Las miradas de los empleados se cruzaban unas con otras, y cuando sus ojos se posaban en mí, estaban cargados de duda, como si las palabras de Smith hubieran sembrado una semilla de sospecha.
—Si fuera la amante del dueño de la empresa… ¿en verdad tendría que buscar trabajo? ¡Estaría arreglándome las uñas y viviendo en una casa enorme! No partiéndome el lomo aquí —refunfuñé molesta, consiguiendo un gesto de aceptación y resignación por parte de mi compañera.
—Supongo… —contestó encogiéndose de hombros—. Suena lógico para mí, pero no sé si para el resto de los compañeros.

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