ANDY DAVIS
—Lo haces por ellos...—susurré, apenas capaz de sostener su mirada. Sus ojos eran los de un hombre que no veía fallas en sus argumentos, como si todo tuviera perfecto sentido y lógica.
Apreté los labios y negué con la cabeza. ¿Eso era? ¿Un vientre para dar herederos? ¿No veían nada más en mí? ¿Mi valor se reducía a mi capacidad de dar hijos?
Me sentí miserable. Parecía que cada hombre que cruzaba mi camino solo veía lo que mi útero podía brindarles, pero, al mismo tiempo, la rabia comenzó a acumularse bajo mi piel, latiendo al ritmo de mi corazón herido.
—¿Por qué más lo haría? —preguntó Ashford desconcertado y entornando los ojos.
—¡Suficiente! ¡No necesito esto! —exclamé furiosa, decidiendo salir del edificio con lo poco que me quedaba de dignidad—. Quédate con tu trabajo, quédate con tus prestaciones y todo lo que creíste que querría.
—¿Vas a abandonar una oportunidad así de esa manera tan infantil? —preguntó divertido, cruzándose de brazos y esbozando una sonrisa odiosa.
—No quiero tu oportunidad… —contesté furiosa dándole la espalda—. No quiero nada de ti.
Antes de poner un pie fuera de la puerta, me tomó con firmeza de la muñeca y me detuvo. Tiró hacia él, haciendo que retrocediera torpemente hasta que choqué con su pecho. Cuando quise girar, él puso su mano sobre mi cuello, su tacto era suave y electrificaba mi cuerpo. Su aliento acariciaba mi piel y tuve que contener un temblor. Aunque no lo podía ver, lo podía sentir, su presencia me envolvía y mis piernas se debilitaban. Mi corazón sonaba tan fuerte, como tamborazos que todos podrían escuchar. Acercó lentamente sus labios a mi oído y en un tono muy suave me amenazó:
—Te recuerdo que los bebés en tu vientre son míos… —Por un momento de debilidad cerré los ojos, disfrutando de la lujuria que su voz gutural y profunda provocaba en mí—. No te atrevas a intentar escapar una vez más. Sé donde vives, sé de tu rutina y no hay manera de que puedas llegar lo suficientemente lejos sin que yo siga tu rastro.
»Siéntete halagada por todos los favores que te he hecho. Acepta esto como una compensación adicional. Como ya dije, cuando tengas a mis hijos, te daré suficiente dinero para que hagas con tu vida lo que quieras, pero de momento tu lugar está aquí, conmigo.

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