ANDY DAVIS
De esa manera me dejó con el corazón congelado y las miradas de todos los trabajadores sobre mí. ¿Qué hacía? ¿Iba por su café o…?
—El de R.R. H.H. sabrá de esto —siseé molesta y di media vuelta, directo hacia la oficina para poner mi queja, hasta que la misma chica de lentes grandes me atajó.
—No te lo recomiendo… —susurró caminando a mi lado, como si la plática fuera confidencial y secreta—. Smith lleva años en la compañía, es un elemento muy importante. Será un patán, pero es bueno en su trabajo. Eso ha hecho que nadie se meta con él.
Cerré los ojos y me rasqué la frente mientras intentaba comprender sus palabras.
—¿Me estás diciendo que no lo acuse con R.R. H.H.? —pregunté con fastidio.
—Solo te digo que no eres la primera que lo acusa por abuso y acoso, y velo, sigue aquí y todas las que se han levantado en su contra ya no. Saca tus propias conclusiones —agregó con media sonrisa y encogiéndose de hombros—. No sé qué te importa más, si tu trabajo o el orgullo.
—El orgullo… —contesté casi de inmediato y de pronto fruncí el ceño y agité la cabeza—. ¿O el trabajo?
Torcí los ojos y me mordí los labios. Supuse que no habría problema si iba por el café y aprovechaba el camino para pensar.
—¡¿Y qué café quiere?! —exclamé frustrada girando hacia su puerta—. ¿Qué espera? ¿Qué le adivine el pensamiento?
—Negro, como su alma —contestó la chica que parecía sentir pena por mí.
—Bien… le traeré un capuchino —refunfuñé y fui directo a la cafetería.
Tuve que bajar un par de pisos, por suerte había elevador. Conforme me alejaba, los deseos de venganza bullían dentro de mí, por mucho que quisiera asustarlos. ¡Vamos! Nada me quitaba hacer lo que ese patán pedía. No tenía nada de malo, ¿cierto? Aun así, presioné el botón con ira.
Me planté frente al enorme letrero donde venían todas las variedades de cafés que ofrecía el establecimiento y resoplé. ¿Cuánto tiempo había pasado en el nuevo y maravilloso trabajo y ya me sentía estresada?
—¿Cómo va tu día? —preguntó de pronto a mi lado el tipo de R.R. H.H. con una enorme sonrisa y actitud cálida.
Abrí la boca, pero no salió ninguna palabra. Me sentía como un pez boqueando fuera del agua.
—Espero que sea lo que esperabas —agregó comenzando a sospechar que no era así.
—El señor Smith es bastante… «pintoresco» —dije apretando mis labios y forzando una sonrisa. Entonces me acerqué a la encargada—. Un capuchino extradulce por favor.
—¿Antojos de embarazada? —preguntó el de R.R. H.H. intentando romper el hielo, yo solo amplié mi sonrisa.
—¡Davis! —Mi cuerpo tembló cuando escuché al idiota mencionar mi apellido, justo en el momento que estiraba mi mano para recibir mi pedido—. ¿Qué te hace tardar tanto?
—Señor Smith, creo que soy yo quien la está distrayendo —aseguró el de R.R. H.H. tan lindo como siempre, era como si no pudiera ver las malas vibras del tipo a mi lado.
—No hay problema, solo me preocupé —dijo de manera caballerosa, pero era claro que yo ya no le creía—. Temía que al ser su primer día se perdiera mi nueva pollita.

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