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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 103

LUCIEN BLACKWELL

—¿Qué tengo que hacer, Anna? ¿Me estoy equivocando? —pregunté dentro de la capilla del hospital, sentado de manera miserable en la banca, viendo la imagen de esa virgen pura y misericordiosa frente a mí.

Gracias a lo que me había dicho Camille, pude defenderme cuando me cuestionaron por sus lesiones. Pude notar la frustración en el gesto de la enfermera cuando no tuvieron material suficiente para llamar a la policía. Después del interrogatorio decidí tomar un momento para meditar.

Mi corazón se aceleraba cada vez que pensaba en ese último beso y en la forma tan dulce y al mismo tiempo melancólica en la que Camille dijo que me amaba, pero pronto ese recuerdo se manchaba con la muerte de Anna. Verla a través de ese ventanal, porque no podía acercarme a ella mientras los médicos le intentaban salvar la vida. Su rostro lleno de sangre, los moretones en sus pómulos y mejillas, y esa lágrima solitaria que caía mientras intentaba estirar su mano hacia mí.

¡¿Cómo podía simplemente olvidarme de su sufrimiento?! ¡Estuve ahí, viendo cómo luchó por su vida! La vi sufrir cada maldito minuto. Ella era una buena persona, una mujer de gran corazón. ¿Por qué se merecía una muerte tan dolorosa y triste? ¿Quién decidió que ella tenía que pasar por eso?

Mientras Aston moría casi de inmediato y su amante disfrutaba de todos los regalos y lujos que ese idiota le dio a costillas de Anna, ¡¿yo no merecía cobrar venganza?! ¡Claro que sí! Y me importaba poco si alguien pensaba lo contrario, porque alguien que no pasó por un dolor tan grande como el que yo pasé, no tenía derecho a juzgarme ni a darme lecciones de moral, pero… una duda seguía clavándose en mi pecho y cada vez se hacía más grande… ¿y si Camille no era la chica que buscaba?

Eso solo significaría que me equivoqué y la lastimé sin ninguna necesidad.

—Anna… solo dame una señal… —susurré antes de levantarme y salir de la capilla arrastrando los pies y sobándome las sienes.

Avancé directo a la habitación de Camille, donde planeaba pasar el resto de la noche, pero me detuve y decidí que quería visitar otro lugar. Confiaba en mi informante, porque… ¡por algo tenía un puto informante!, para que resolviera esta clase de problemas, y no me había fallado nunca, pero… tenía que sacarme la espina del corazón.

***

CAMILLE ASHFORD

—Supongo que debes de estar feliz porque te darán de alta —dijo la enfermera fingiendo estar haciendo cualquier cosa menos prestarme atención. Cuando nuestras miradas se encontraron, le sonreí lo mejor que pude mientras aún sostenía la toalla alrededor de mi cuerpo. De pronto se me acercó y me ofreció un pequeño papel—. Si necesitas ayuda, si no te sientes segura o protegida… puedes llamar y todo se solucionará.

Lo tomé conmovida y no pude más que sonreír. En realidad, si necesitaba ayuda en ese momento. Había llegado al hospital solo en lencería y con el saco de Lucien cubriéndome. ¿Saldría de la misma manera?

Antes de que pudiera empezar a suplicar por algo de ropa decente, la puerta se abrió. Lucien se quedó en el umbral por un momento, viendo todo con atención hasta que sus ojos se posaron en mí y se clavaron con determinación. Parecía renovado, diferente y más arrogante que de costumbre. Vio a la enfermera con el mismo odio que ella lo veía a él.

—Si me permite… yo seré quien se encargue de mi esposa —dijo señalando la puerta, invitando de manera educada pero dominante a la enfermera a salir. Esta me guiñó un ojo antes de acariciar mi brazo y retirarse dignamente.

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