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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 105

CAMILLE ASHFORD

Frustrada por no encontrar mi uniforme, decidí salir. De seguro debería de estar en la lavandería, con suerte aún no estarían arruinados los papeles. Salí con cuidado de la habitación y avancé apenada, fingiendo normalidad entre las miradas de la servidumbre que parecían cuestionarse que estuviera fuera de la habitación.

Fingí ir a la cocina y cuando creí que nadie me veía, troté suavemente hacia el área de lavandería. Para mi suerte parecía completamente vacía. Identifiqué el saco donde metían los uniformes sucios y comencé a buscar, al principio de manera ordenada, pero después con desesperación.

—Vaya, vaya… mira quien decidió salir de su escondite —el rugido del ama de llaves me erizó la piel en el momento que tenía los papeles por fin en mis manos. Los guardé de manera disimulada en mi vestido antes de voltear hacia ella y encararla—. ¿No pudiste aguantar las ganas de ponerte a trabajar?

—No es eso, es que tenía que hacer algo en la lavandería —dije con una sonrisa nerviosa mientras intentaba pasar por un lado y evitar un enfrentamiento, pero claramente esa mujer no me lo dejaría fácil. Con ambas manos sobre mis hombros, me hizo retroceder con un firme empujón.

—¿Crees que puedes venir a esta casa y romperle la cara a la señorita Makarov sin sufrir consecuencias? —preguntó levantando una ceja y forzando una sonrisa—. Su familia ha sido muy cercana a la familia Blackwell. Conozco a la señorita Nadia desde que era una niña y jugaba en el jardín con la pequeña Anna.

»Aquí tú eres una completa desconocida, no… peor, eres una asesina, una escoria. Lo mejor sería que perdieras a ese niño para que el amo Lucien se deshiciera de ti lo antes posible.

—Bueno, las cosas no siempre resultan como queremos, ¿cierto? —respondí encogiéndome de hombros. ¿A mí que me importaba su odio? Ni la conocía. Que reclamara todo lo que quisiera si eso la hacía sentir mejor consigo misma. De pronto me tomó del brazo con la fuerza que solía ocupar conmigo—. ¡Epa! Con cuidadito. A mí no me agarres así. ¿Tu amo no te informó la clase de problemas en los que te puedes meter por dejarme una marca más en mi brazo?

Claramente frustrada, me soltó de mala gana, mientras mi sonrisa se hacía cada vez más grande.

—Pórtate bien, sé educada y todo saldrá bien. No tenemos por qué convertirnos en un par trogloditas —contesté mientras sacudía mi vestido como si su simple presencia lo hubiera podido ensuciar o empolvar—. Si tu amo terminará con mi vida tarde o temprano, ¿qué te cuesta esperar como niña buena?

Con la frente en alto salí de la lavandería, ante la mirada sorprendida de todas las sirvientas, pero justo en medio de todas, estaba mi patética favorita con el rostro amoratado.

—¡Nadia, cariño! ¡Qué gusto me da verte! ¿Cómo va esa nariz? —pregunté luciendo un exceso de confianza que no tenía. Era obvio que estaba aquí para molestarme y esta vez Lucien no estaba para intentar mediar las cosas, si es que servía de algo. De pronto la presencia del ama de llaves detrás de mí me recordó que estaba en seria desventaja.

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