CAMILLE ASHFORD
Todo el camino fuimos en silencio. Mi mirada no se apartaba de la ventana y mi mente estaba completamente en blanco. La decepción y el rechazo de Damián aún me corroía el alma. Ya comenzaba a extrañar a los mellizos y a Andy, y de pronto ese odio tan pequeño y casi inexistente que sentía hacia Lucien, empezó a cobrar forma.
No me había dolido tanto sus humillaciones y sus dedos clavados en mi carne, como que me obligara a alejarme de mi familia. Estábamos haciendo las cosas por las buenas, pero en realidad eran por las malas, porque tenía miedo de lo que fuera hacer si me resistía.
Cuando por fin llegamos a su mansión, me abrió la puerta de su auto y me ofreció su mano para poder bajar, pero simplemente lo ignoré y arrastré los pies de regreso a su hogar, no él mío, jamás podría serlo.
Llegamos a la puerta principal y de nueva cuenta, intentó ser caballeroso, abriendo ambas hojas para mí. Lo primero que noté fue que no reconocía a nadie de la servidumbre. Cada chica, incluso el mayordomo, eran diferentes.
—¡Bienvenida, señora Blackwell! —exclamaban en cuanto su mirada se encontraba con la mía, con una sonrisa que parecía sincera, pero que no me convencía. Entonces una mujer joven con aspecto pulcro y actitud disciplinada se acercó a mí, haciendo una ligera reverencia.
—Señora Blackwell, bienvenida. La comida está lista, él chef puso atención en su embarazo y encontrará cada platillo adecuado para usted —dijo con un tono firme, mientras yo no podía sacar de mi cabeza lo que le había pasado a la última ama de llaves. Solo esperaba no comer sopa en mi estadía.
—No tengo hambre… —susurré, abrazándome a mí misma y con la mirada clavada en el piso.
—Camille… —Lucien se acercó, pero antes de que posara su mano en mi hombro, retrocedí.
—Tengo sueño —contesté sin levantar la mirada, no lo quería ver, no quería pasar más tiempo frente al motivo que me hizo abandonar a mi familia y mi felicidad.
—La primera vez llegaste como una fiera… —susurró acercándose más y acariciando mi mejilla.
—Estoy cansada. —Por fin levanté mi mirada hacia él—. Quieres que me quede aquí, que finja que todo lo que pasó antes no me dolió o no me interesa, bien… lo haré, pero no esperes que me vuelva a enamorar, cuando tú destruiste todo lo que sentía y me destruiste a mí.
»Si no fuera por el bebé, no me importaría que me volaras la cabeza y me enterraras en el jardín.
»Ahora solo dime donde voy a dormir y déjame en paz.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO