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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 127

ANDY DAVIS

—Sí, ese era el plan, pero para mí buena suerte, se equivocaron y usaron el esperma de Damián. Lo que parecía un error, terminó siendo una bendición, porque así nada me ata a ti —respondí con furia, enfrentándolo, pese a que comenzaba a darme miedo.

—Mientes… —susurró John mientras apretaba mi teléfono en su mano—. No pienso renunciar a ti ni a los niños tan fácil.

—¡Largo de mi propiedad y de mi vida…! —exclamé furiosa, cuando por fin vi el auto de Damián estacionándose en la entrada. Pensé que todo se acabaría en cuanto John lo viera, pero por el contrario me tomó de la mano y me acercó a él, tomándome por sorpresa.

—Tú eres la vida que dejé ir, lo que me hace falta, no me pidas que me dé por vencido, no cuando sé que yo te daré un mejor futuro a ti y a tus hijos —murmuró mientras sus ojos examinaban mi rostro con atención—. Aún te amo, Andy, y me lamento cada día por haberte perdido, pero te juro que te recuperaré.

Intentó inclinarse sobre mí y besarme, pero Damián ya estaba tomándolo por los hombros y alejándolo, haciéndolo caer en el jardín. Creí que solo lo sacaría de nuestra casa, que tal vez lo amenazaría, hasta que lo vi descargar toda su furia sobre John, golpe tras golpe, sin detenerse.

Me quedé paralizada al principio, viendo como el cuerpo de John comenzaba a aflojarse mientras los músculos de Damián se contraían en cada golpe. El sonido de como machacaba la carne de John con sus nudillos se volvió escalofriante y la sangre salpicando el jardín me revolvió el estómago.

—¡Damián! —exclamé horrorizada, pues a ese paso lo iba a matar. Las manos de John colgaban como de trapo, igual que su cabeza, que seguía rebotando con cada golpe que Damián le acertaba—. ¡Detente! ¡Lo vas a matar!

Corrí hacia él, intentando tomarlo del brazo, pero en su furia desmedida, terminé llevándome un golpe que me hizo caer al piso. Me quedé viendo estrellitas, mientras los sonidos llegaban ahogados a mis oídos.

—¡Andy! —escuché a Damián en la lejanía antes de que sus manos me tomaran, pero no alcancé a ver su rostro cuando la oscuridad me envolvió.

***

CAMILLE ASHFORD

Fue… extraño. Esa era la única manera en la que podía describir mi noche. Quise resistirme a la tentación del helado, pero… mis antojos de embarazada fueron mil veces más poderosos. Además, había helado de galleta, mi favorito, o más bien, el favorito de mi bebé, pues hasta él se sacudió en cuanto mis ojos se posaron en el banquete.

Terminé acurrucada en el amplio sofá, comiendo directo del bote con una cuchara enorme. Sabía que era demasiado helado para mí sola, así que no tuve problemas en invitar al resto de la servidumbre, después de todo ya habían acabado sus labores y no le veía ningún problema. De esa manera terminamos todas escurridas en la sala, cada una con una cuchara, incluso el mayordomo, el más estricto, pasaba de vez en vez para tomar un poco.

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