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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 135

ANDY DAVIS

—¡Papi! ¡Papi! —exclamaron los mellizos al unísono al rebasar la puerta de entrada, corriendo con los brazos abiertos buscando a Damián, quien de inmediato se hincó ante ellos y los abrazó de manera protectora.

La imagen era emotiva y me transmitía una calidez muy profunda.

—¡Mami! —gritó Vicky dando saltitos hacia mí, haciendo que su vestido rosa se contoneara de manera adorable y se esponjara cada vez que sus pies estaban en el suelo—. ¿Me extrañaste? ¡Yo te extrañé muchísimo!

Estiró sus bracitos mientras abría y cerraba sus manitas, llamándome. Con una sonrisa que no cabía en mi rostro, me hinqué ante ella y la estreché, inhalando su aroma a bebé.

—¡Yo también quiero un abracito! —exclamó Leoncito corriendo hacia nosotras y lanzándose con menos delicadeza que su hermana—. ¡Shawn es muy divertido! ¿Podemos ir de pijamada con él más seguido?

Cuando alcé la vista hacia el pobre ayudante, este tenía la cara de alguien horrorizado por saber que su tortura podía continuar.

—¿Shawn se portó bien con ustedes? —preguntó Damián cruzado de brazos, con media sonrisa adornando su rostro.

—¡Sí, papito! ¡Fue genial! —respondió de inmediato Vicky.

—Señor, si me permite… —interrumpió Shawn rascándose la nuca—. Creo que debería regresar a la empresa y…

—¿Qué pasa, Shawn? ¿No quieres quedarte un rato más? Apuesto a que mis hijos estarán encantados de seguir jugando contigo… —agregó Damián disfrutando de torturarlo y los niños explotaron de alegría.

—¡Vicky! ¡Vamos a bajar los juguetes de nuestro cuarto! —exclamó León como si se le hubiera ocurrido la mejor idea del mundo y el brillo en los ojos de su hermana lo reafirmaba.

Mientras veía toda la algarabía sentí como mi teléfono vibraba dentro de mi bolsillo. Lo saqué para encontrar una notificación de un número que había eliminado de mis contactos hacía años y la sonrisa se me borró.

«Mediemos esto antes de llegar a juicio. Te veo en el hospital, donde tu prometido me dejó». No decía quien lo enviaba, pero no era necesario. Me sentí abrumada, era como si empezara a ahogarme con el mismo aire. Antes de que pudiera articular palabra, el teléfono volvió a vibrar: «Ven sola. Si descubro que Damián te acompaña, te juro que no tendré ni un gramo de piedad y no pararé hasta meterlo a la cárcel».

Genial… ¿Cómo se suponía que saldría de la casa sin dar explicaciones?

—¿Qué ocurre? ¿Todo bien? —preguntó Damián acercándose con cautela. Cuando su mano se iba a posar en mi mejilla, se detuvo. Sabía que había cubierto los moretones con maquillaje antes de que los niños llegaran y debía de ser cuidadoso.

—Sí, todo bien —contesté con una sonrisa apenada y tomé su mano, aún en el aire, para besarla, intentando reconfortarlo.

Después de un beso en la frente, me estrechó suavemente, como si temiera romperme.

—Tengo que ir a la empresa para hablar con el equipo legal y hacer una videollamada con Rachel. Necesito ponerme al corriente con el caso de los Makarov y también avisarles de la nueva demanda. —Torció los ojos con fastidio. No podía ocultar la molestia que sentía al pensar en John y los problemas que nos estaba dando—. Shawn se quedará para que te ayude a cuidar de los niños. Por favor, descansa. Sé que el doctor dijo que estabas bien después del golpe, pero… no nos confiemos.

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