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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 136

ANDY DAVIS

Llegué presurosa al hospital, con un nudo en la garganta y el corazón acelerado. Cada uno de mis músculos estaba tenso, como si mi cuerpo se preparara para pelear. Pregunté por la habitación de John, esperando que la enfermera me negara verlo por no ser de su familia, pero curiosamente mi nombre estaba en la lista de visitantes permitidos y me lamenté.

—Señora Carpentier, por aquí —dijo con soltura y mis entrañas se retorcieron por el asco. Posé mi mano en su hombro, deteniendo su andar.

—Ashford… —respondí con los dientes apretados—. Mi apellido de casada es… o será, Ashford. Yo no tengo nada que ver con el señor Carpentier.

—Oh… lo siento —dijo pálida y con ojos temblorosos—. La señalaron como esposa del señor. Revisaré ese detalle.

—De preferencia bórreme de la lista, no creo volver —contesté con un resoplido antes de continuar.

—Es aquí —dijo la enfermera claramente avergonzada, señalando una de las primeras puertas. Estábamos en el área más costosa del hospital, no me sorprendió.

Cuando la enfermera se alejó, apoyé mis dedos en la puerta, estaba abierta, así que con poco esfuerzo la moví. Aguanté la respiración y mantuve la mirada clavada en el piso, nerviosa, con la misma sensación que me embargaba cuando estaba a punto de defender un caso difícil en la corte y ante un jurado exigente.

Levanté lentamente la mirada y entonces me encontré con… «ella»:

—¡Andy! ¡Cariño! ¡Qué gusto me da verte! —exclamó la madre de John, acercándose a mí como la mujer adorable y comprensiva que nunca fue, con ambos brazos estirados como queriendo alcanzarme con un abrazo—. ¡Te ves muy bien!

Me quedé rígida y casi colapsé cuando sus brazos me rodearon, atacando mis fosas nasales con su perfume dulce y costoso, de esos que te hacen marear en lugares cerrados.

—Cariño, pobre de ti… lo que tú también sufriste ese día —dijo con pesar, viendo mi pómulo maquillado. Aunque la base y el polvo hicieron un gran trabajo aún se veían tonos verdosos atravesando cada capa—, pero no te preocupes, John arreglará todo y no tendrás que pasar por lo mismo, te protegerá de ese hombre violento.

—¿Y quién me protegerá de ustedes? —pregunté con media sonrisa, apartándome antes de dirigirme hacia John quien estaba con el rostro machacado. Era una masa de carne inflamada y amoratada. No pude disfrazar mi horror y asco, no al principio—. Carajo… si que te destruyó.

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