ANDY DAVIS
—¡No son tus hijos, pedazo de retrasado! —grité con furia y me acerqué un poco más—. Mi vientre nunca estuvo enfermo, pero tu semilla estaba podrida, defectuosa, tan inútil como tú intentando ser un buen esposo.
»Esos niños son de Damián, deja de fantasear. Pensé que a estas alturas ya aceptarías que nunca tendrás un heredero biológico.
—Quiero una prueba de ADN —soltó John con frialdad en la mirada—. Te demostraré que son míos.
—¿Para eso me citaste? ¿Para escuchar tus delirios? —respondí viendo mi reloj de pulso con fastidio.
—Quiero arreglar las cosas… quiero que vuelvas y darte todo lo que te mereces. Te juro que no hubo ni un solo día que no me arrepintiera. Andy, fuiste lo más hermoso que la vida me dio y no supe valorarte. Por favor, solo dame una oportunidad y te juro que haré que me vuelvas a amar como antes. Lo nuestro no ha acabado, lo sé. Aún podemos rescatarlo. —Estiró su mano hacia mí, buscando conmoverme y que me acercara para sujetarla, pero solo lo vi con asco antes de negar con la cabeza—. ¿No recuerdas lo felices que fuimos juntos?
—La verdad es que solo recuerdo a mí ayudándote a ti a llegar lejos. Recuerdo ser la mujer del proceso que dedicó su tiempo a que tú crecieras y consiguieras todo lo que deseabas, y cuando quisimos hijos, más por tu gusto que por él mío, lo acepté… pero cuando las cosas ya no fueron como tú querías, cuando no funcionó cada terapia e inseminación, yo fui la culpable, la defectuosa… dejaste que tu madre me tratara como basura y me reemplazaste…
»Así que si, lo recuerdo muy bien, recuerdo cada desvelada y cada ingratitud, y sinceramente… no quisiera regresar a eso. —Sonreí con melancolía y pude sentir esas viejas cicatrices palpitando—. Para Damián no soy un lastre… Es curioso, mientras yo te cuidaba a ti y tenía que ser la fuerte, la roca que rompiera cada ola que se precipitaba hacia ti. Él me cuida. Me protege. Él es mi roca y por primera vez puedo ser la que descanse, la que baje la guardia y disfrute un poco de su vida.
»No tengo que estar detrás de él, arreglando su corbata, llevándole el café y organizando su vida. Mientras a ti te tenía que llevar sobre mis hombros, él me lleva en sus brazos.
—¿Seguirá haciéndolo cuando acabe con él en la corte? —preguntó con melancolía, ambas manos aferradas a las sábanas, frustrado por cada una de mis palabras—. Lo que me hizo… «nos» hizo, no lo dejaré pasar.
»Dame una segunda oportunidad, Andy… es lo único que te pido. Puedo ser mejor que él. Puedo ser el padre que esos niños necesitan. Solo… déjame intentarlo.
Me quedé en silencio. Sintiendo lástima por lo patético que se veía suplicando. Recordando ese día en el que me corrió de nuestra casa mientras estrechaba protectoramente a Lynnet. Me acerqué hasta el borde de su cama antes de sentarme con paciencia.

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