ANDY DAVIS
—Escúchame… John se arrepintió desde que pusiste un pie fuera de la casa. —comenzó con la cantaleta, esta vez no como la pobre y abnegada madre de un hombre convaleciente, sino como la arpía que conocía tan bien, pero al mismo tiempo conteniendo su lengua lo suficiente. Sabía que no le convenía hacerme enojar—. Me esmeré para que te olvidara, pero nunca lo hizo, ahora con lo de Lynnet, me siento como una tonta. No tuve que hablarte así, no tuve que fomentar que su matrimonio se destruyera.
»Por favor, Andy. Tuvieron una buena vida juntos y lo sabes.
—Recurrir al pasado para intentar conmoverme no va a funcionar —respondí cruzándome de brazos.
—Piénsalo… Él te aceptará con los niños, les dará su apellido y tal vez podrían retomar la inseminación. Con suerte esta vez puedan tener un hijo y si no, los niños heredarán todo de John. —De pronto su mirada se volvió aguda y gélida, de la misma manera que la de una serpiente antes de atacar y soltar todo su veneno—. Dime, ¿qué les puede ofrecer Damián ahora que su empresa fue dividida a la mitad y la que le queda está en aprietos?
»Su época de poder terminó, está descendiendo en una espiral hacia el vacío y los arrastrará con él. ¿Eso quieres? ¿Criar a tus hijos en la miseria? Hazlo por ti, hazlo por ellos.
»Sé lo orgullosa que puedes llegar a ser, pero no vale la pena arriesgar la comodidad de tus hijos, te lo digo como madre. Tienes que pensar primero en ellos. —Entre más hablaba, más asco me daba. Apreté los labios y negué con la cabeza.
—Yo no estoy con Damián por su dinero —contesté por fin, plantándome frente a ella—. Porque después del divorcio, yo pasé muchos años sin Damián, años donde me partí el lomo por ellos.
»¿Sabe? Ese es el problema de la gente que nace en una familia poderosa. No se da cuenta que el mundo no gira alrededor de ellos y que la fortuna no solo se hereda, también se crea con trabajo. —Levanté mis manos hacia ella—. ¿Lo ve? Estas manos están acostumbradas a trabajar y a ganarse las cosas con esfuerzo. Por eso yo no tengo miedo de sus palabras, porque no necesito del dinero de Damián ni el de John. Yo misma puedo generarlo, y hasta más de lo que ellos ganan juntos si me lo propongo.
»Yo no soy un parásito como usted lo fue para su esposo y ahora una capataz para su hijo. Solo sabe sacarles dinero a los hombres y disfrutar de una vida que no se ha ganado.

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