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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 148

CAMILLE ASHFORD

Con cuidado Andy me ayudó a sentarme en la silla de ruedas y me peinó torpemente con sus dedos, acomodando mis cabellos en un chongo.

—Bueno, dadas las circunstancias es lo mejor que puedo hacer, pero tú siempre te ves hermosa —dijo con media sonrisa antes de ponerse detrás de la silla y comenzar a empujarme—. Anda, vamos a que conozcas a tu pequeño.

Conforme avanzábamos sentía que mi corazón se me saldría del pecho. Quería levantarme de la silla y salir corriendo en su búsqueda, mis brazos se sentían vacíos. Entonces nos acercamos al pasillo del área de pediatría y me quedé sin palabras.

Lucien estaba parado en medio de todo el caos que siempre implicaba un hospital. Con esa elegancia que lo caracterizaba. Su abrigo negro descansaba sobre sus hombros, mientras en sus brazos acunaba a nuestro bebé, viéndolo con adoración y una sonrisa que quería grabarme para siempre en la memoria.

Mi estómago se hizo pequeño en cuanto escuché el llanto de mi hijo, y la paciencia y ternura con la que Lucien lo mecía, hacía de la imagen algo que quería guardar para la posteridad.

—Hay que admitir que ha sido un buen compañero cuando lo has necesitado… Aunque le cueste aceptarlo a Damián —susurró Andy detrás de mí—. Lo más sorprendente es que no haya perdido el estilo. Yo me desvelo y parezco «zombie» a la mañana siguiente, pero él no ha dormido, si acaso dos horas diarias esta semana, y velo… parece modelo de revista, solo que, con un aura sombría, como una clase de ángel… negro, un ángel de la muerte.

—Mi ángel de la muerte —agregué con una sonrisa y en ese justo momento Lucien volteó hacia nosotras, como si hubiera sentido mi presencia.

El ambiente se electrificó, mi corazón no sabía si acelerarse o detenerse, y mi estómago se hizo pequeño. Lucien me ofreció una sonrisa de medio lado, pero sincera y dulce. Por inercia levanté mis manos hacia él, llamándolo.

Se acercó manteniendo la elegancia, dejando que su abrigo se ondeara con el aire que levantaba su andar, mientras en uno solo de sus brazos mi bebé se removía inquieto y lloraba desconsolado. Sus manitas se movían, tocando torpemente el pecho de su padre, como si tuviera intenciones de aferrarse a sus ropas.

—Despertaste… —susurró Lucien en cuanto se plantó frente a mí.

Abrí los labios, pero no salió ninguna palabra. Me sentía conmocionada. Con cuidado y usando sus dientes, se quitó el guante de su mano para poder acariciar mi mejilla. Después, con sumo cuidado se hincó ante mí, poniendo ambas rodillas en el piso, era tan… raro. Se veía imponente, despiadado, pero se había postrado ante mí sin dudarlo.

Entonces lo vi, mi pequeño, moviéndose inquieto, llorando desconsolado, su labio inferior temblando mientras pesadas lágrimas caían por sus mejillas regordetas. Tenía el cabello rubio y no pude evitar sonreír, como si fuera una pequeña victoria que la genética me daba. Extendí mis brazos y no me percaté de que también yo estaba llorando hasta que sentí las lágrimas rodando por mis mejillas.

—Mi bebé… —susurré—. Mi hermoso ángel.

—No ha dejado de llorar —dijo Andy a mis espaldas—. Es difícil consolarlo. Todas las enfermeras se turnan, incluso yo y Damián lo hemos intentado, pero…

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