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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 20

ANDY DAVIS

—Pero… ¿volverás pronto, mamita? —preguntó mi Leoncito mientras me veía desde esa cama de hospital. Victoria, mi pequeña princesa, permanecía a su lado, tomando su mano, atenta a su hermanito.

—Lo que importa es que mami traerá una cura para ti —susurró Vicky tratando de reconfortar a su hermano.

—Prometo que volveré lo más pronto posible. —Me incliné sobre ellos y los llené de besos, intentando mantenerme fuerte, pero sabía que una parte de mi corazón se quedaría aquí, con ellos.

Después de una despedida dolorosa, salí de la habitación con lágrimas en los ojos. Bastián me observaba con esa paciencia infinita que le caracterizaba. Comprendía el calvario por el que estaba pasando. Se acercó y tomó mis manos con suavidad, sus dedos transmitiéndome un calor reconfortante.

—No tienes que hacerlo sola, Andy —dijo con voz calmada—. Si quieres, yo puedo ir contigo.

Negué con la cabeza y esbocé una sonrisa cansada.

—No. Esto es algo que debo hacer por mi cuenta. Además, no confío en nadie más para cuidar de ellos —susurré con la mirada clavada en el piso.

Bastián suspiró y, sin previo aviso, se inclinó hacia mí. Por un momento mi cerebro no estaba procesando lo que estaba haciendo hasta que sentí sus labios sobre los míos. Su beso fue suave y paciente, un recordatorio de todo lo que había hecho por mí durante estos años. Sentí su ternura, el anhelo contenido, la promesa de un futuro que él deseaba construir conmigo. Pero al cerrar los ojos, una imagen distinta cruzó mi mente.

Damián Ashford.

¡AHHH! ¡Me odiaba por no poder sacarlo de mi cabeza! ¡Maldito hombre! ¡Cuánto lo aborrecía!

Me separé lentamente y Bastián me sostuvo la mirada con una mezcla de comprensión y esperanza.

—No te olvides de pensar en lo que hablamos —susurró—. No tomes ninguna decisión apresurada.

Asentí, incapaz de decir nada. Algo me decía que también él sentía que algo no andaba bien, que había una cadena con candado en mi corazón que me ataba al pasado y no me dejaba disfrutar de mi presente con él.

—Gracias, Bastian —susurré antes de abrazarlo con todas mis fuerzas, sintiendo que la forma que me estrechaba era suficiente para volver a armarme.

—Te estaré esperando… —murmuró contra mi oído antes de darme un suave beso en la mejilla.

Con una sonrisa apagada, retrocedí un par de pasos antes de alejarme rápidamente, sintiendo su mirada clavada en mi espalda.

***

El trayecto me pareció eterno y cansado. Fueron horas en las que mi corazón latía con fuerza descontrolada mientras repasaba mentalmente cada palabra, cada explicación, cada posibilidad.

Cinco años. Cinco años sin verlo, sin escucharlo, sin sentir su presencia imponente. Cinco años engañándome a mí misma.

Ahora tenía que enfrentarme a él, decirle la verdad que nunca imaginé tener que confesar. ¡Ya podía imaginarme cómo tomaría mis mentiras!

—Me va a matar… —susurré mientras frotaba mis sienes. Me quería doler la cabeza.

Después de que sentí que el tiempo jugaba a dilatarse y volverse infinito, de pronto lo que había parecido horas, se volvieron segundos, y de un momento a otro estuve frente a su enorme mansión.

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