DAMIÁN ASHFORD
Sentí el ardor del enojo treparme por la espalda cuando vi la facilidad con la que ese hombre tocaba a Andy, su mano recorriendo su brazo y la cercanía cómoda entre ellos era insoportable de tolerar.
Andy le dedicó una sonrisa, y mi sangre hirvió. No podía soportarlo. Una sola frase comenzó a causar eco dentro de mi cabeza: ella debía estar conmigo.
Esto iba a ser un infierno y apenas estaba comenzando.
No me gustaba la sensación de perder el control y, sin embargo, aquí estaba, completamente fuera de mis casillas, esperando el momento para golpear a ese tipo en la cara. Solo estaba esperando una sola palabra, el más mínimo motivo para tomarlo por el cuello y destruirlo con mis propias manos, pero Andy decidió sacarme de la habitación a empujones como si hubiera sido capaz de leerme el pensamiento. Sus dedos se cerraban con fuerza sujetando mi muñeca, decidida a sacarme antes de que todo se saliera más de control.
—Suéltame, Andy —le advertí con voz baja, cargada de veneno—. A mí nadie me trata de esa forma.
Ella ni siquiera me miró. Me ignoró con esa m*****a facilidad con la que siempre lo hacía, y eso solo me enfureció más. Apenas llegamos al pasillo me giré bruscamente para enfrentarla, la furia estaba hirviendo en mi garganta, abrí la boca y levanté mi mano listo para empezar a blasfemar cuando sus ojos azules me congelaron.
—Eres como un niño pequeño y caprichoso… ¿en verdad así querías tener hijos? —preguntó cruzándose de brazos y levantando una ceja. No sabía qué era lo que me estaba deteniendo, si su belleza, su ferocidad o la combinación de ambas. Era como tener una pantera enfrente, peligrosa, pero demasiado bella como para ignorarla o querer alejarte—. Creo que podemos hablar como adultos, ¿no crees?
Inspiré profundamente y desvié el rostro, intentando recuperarme, pero no podía hacerlo si mi atención seguía sobre ella. Había algo en sus labios, en sus ojos, en su suave piel, que me atontaba y me distraía.
—¿Por qué demonios los mellizos llaman papá a ese tipo? —espeté con la furia contenida vibrando en cada palabra.
—Porque él ha estado con ellos todo este tiempo… —susurró agachando la mirada—. Él me dio un hogar y no solo eso. No los ha dejado solos desde que nacieron.
Yo no los hubiera dejado solos… ¡si tan solo me hubiera dado una oportunidad!
Sus palabras me dolían y aumentaban mi rencor. Yo era el verdadero padre, pero a diferencia de ese idiota, Andy nunca me dio la oportunidad de comportarme como tal.
—Le diste mi lugar, como si se lo mereciera —siseé conteniendo mi coraje y entornando los ojos mientras buscaba en su rostro un atisbo de arrepentimiento.

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