DAMIÁN ASHFORD
—Soy copropietario del bufete de abogados Leblanc & Davis —agregó Bastián como si en verdad necesitara saber más de él—. Principalmente, soy socio de Andy y… su prometido.
Mi mandíbula se tensó. Miré de inmediato a Andy, esperando que lo desmintiera, que se riera y dijera que ese comentario era una de sus ridículas bromas. Pero no lo hizo. Lo que hizo fue lo peor que podía haber hecho en ese momento: callarse.
Cuando creí que no podría sentir más odio, ese idiota soltó una bomba de esa magnitud. ¿En verdad estaban comprometidos? Imaginarme que el corazón de esa feroz pantera le pertenecía a ese hombre simple y sin ambición me revolvió el estómago. Entorné los ojos, al principio buscando una respuesta en el rostro de Andy, pero al final la encontré en su mano.
—Interesante. Entonces, si estás comprometida, ¿dónde está el anillo? —Me crucé de brazos, sonriendo con ironía.
Andy parpadeó y bajó la vista a su mano izquierda, como si de repente se hubiera dado cuenta de que, en efecto, no llevaba ninguno. Bastián frunció el ceño y se giró hacia ella, pero ella solo se encogió de hombros. Se había caído su jueguito tonto. No me tragaría sus mentiras. Esta vez Andy no se desharía de mí tan fácil, porque no solo tenía intenciones de recuperar a mis hijos, sino también quedarme con ella.
—Aún estamos… en la etapa de discusión del diseño de la joya —respondió Andy con total desfachatez—. Es que… Bastián quería algo muy ostentoso y yo… algo más modesto. ¿Entiendes? No es que… aun no formalicemos, es solo que…
Bastián apretó la mandíbula sabiendo que nada de lo que dijera Andy sería suficiente para quitarme esa pequeña victoria. Me gustó verlo molesto y mi sonrisa se ensanchó.
—Mientras no haya un anillo, entonces no es un compromiso serio. Lo que significa que, técnicamente, Andy sigue estando soltera —dije con satisfacción y un deje sutil de apatía.
Bastián entrecerró los ojos, de seguro sospechando cual era la dirección de mis planes.
—¿Quién demonios eres tú para decidir eso? —preguntó escondiendo su furia detrás de una sonrisa rígida.
—El verdadero padre de esos niños, ¿algún problema? —repliqué en el mismo tono.
—¿Padre? —Su sonrisa se tornó irónica—. Apenas te enteraste de que existen. Además, ¿me recuerdas a quien llaman de esa manera en realidad? Porque a ti no.
—¡Suficiente! —exclamó Andy y se llevó una mano a la cara con exasperación. Claramente no estaba disfrutando el espectáculo tanto como yo.
El ambiente estaba cargado de electricidad. Si no hubiera sido porque Andy estaba ahí en medio, probablemente Bastián y yo ya estaríamos midiéndonos a golpes en ese pasillo del hospital.
—Quiero dejar las cosas claras —agregó Andy posando cada mano sobre nuestros pechos como si temiera un enfrentamiento—. Bastián, no hubo, no hay, ni habrá ninguna clase de relación romántica entre Damián y yo. Nunca la hubo —soltó de repente, con voz firme. Aquello fue como un puñal directo al pecho. Su frialdad me hizo hervir la sangre—. Damián, te pido por favor que no te metas en mi vida privada, hagamos todo esto de la manera más civilizada posible por los niños.
»Lo único que alguna vez te interesó fueron ellos —añadió, mirándome con total indiferencia—. Así que a mí no me metas en tus planes, ni me agarres como motivo para pelear contra el mundo. Por favor, concéntrate en León. Hablaré con el doctor para que te hagan la prueba de compatibilidad y terminar con todo esto lo antes posible.

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