MINDY MILLER
Como si fuera algo secundario, saqué las fotografías y los informes que el detective me había entregado. Los deslicé sobre la mesa frente a la señora Ashford. Vi su expresión cambiar de la felicidad absoluta a la confusión y luego al horror.
—Damián está con esa mujer —le dije con voz melancólica—. Y ella no está sola. No solo regresó con los niños… también tiene a otro hombre a su lado.
Los ojos de la señora Ashford se entrecerraron. Lo supe en ese instante. Había sembrado la duda. Ahora, solo tenía que esperar a que germinara en odio.
Damián era mío. Y no iba a dejar que nadie me lo arrebatara.
Revisó con detenimiento cada uno de los documentos que el detective privado me había entregado: fotos, registros médicos, incluso copias de documentos legales. Todo estaba ahí, la prueba de que Damián tenía dos hijos y de que su madre no sabía nada hasta ahora.
Observé con cautela a la señora Ashford mientras pasaba cada página con el ceño fruncido. Parecía conflictuada, su expresión cambiaba entre sorpresa y desagrado. Apreté las manos sobre mi regazo, lista para lo que fuera a decir.
—Dos nietos… Son los niños a los que se refería —murmuró en voz baja, dejando los papeles sobre la mesa mientras sus ojos comenzaban a pasearse por cada esquina, como si estuviera persiguiendo algo, tal vez las respuestas que no encontraba en los documentos que le había dado.
Por un momento, sentí que tal vez esto podría jugar en mi contra. Tal vez, después de todo, la idea de que Damián ya tuviera descendencia la haría reconsiderar nuestra unión. ¿Me había equivocado al mentirle sobre estar embarazada? Cada intento en la clínica había resultado un fracaso, pero encontraría la manera de que mi útero vacío albergara a un bebé antes de que se dieran cuenta, ya fuera de Damián o de alguien más. Aseguraría mi lugar dentro de la familia Ashford como diera lugar.
—Esto es inaceptable —dijo con frialdad, dejando caer los documentos sobre la mesa con un ademán de desprecio—. Damián no puede arruinarse de esta manera. Una mujer divorciada… el sobrante de otro hombre. ¿Qué imagen vamos a dar?
»Siempre que veo a una mujer divorciada, lo primero que me pregunto es: ¿Qué tuvo que hacer para que su esposo la abandonara? ¿Estás de acuerdo que por algo el matrimonio terminó? —Parecía tan indignada y asqueada—. Solo espero que esos niños no hayan sido concebidos de manera ordinaria. Qué asco pensar que mi hijo se revolcó con una oportunista así.
Hice una mueca y bajé la cabeza, aprovechando el momento para fingir vulnerabilidad. Sabía que esto podía jugar a mi favor.
—Pero… entonces… ¿no importa que ellos sean primogénitos de Damián? ¿Esto podría significar que nunca podré estar con él? —Mi voz sonó rota, exactamente como quería.
La madre de Damián me miró con dureza, pero luego suspiró. Adoptó esa actitud que tanto odiaba, como si yo fuera demasiado estúpida para estar en su presencia, aún así mantuve mi postura de víctima y comencé a llorar.
—No seas tonta, querida. Esto no cambia nada —susurró intentando mostrarse paciente y benevolente, aunque su tono aún llevaba ese toque de veneno y prepotencia—. Tú serás la esposa de Damián. No permitiré que esta… «mujer» que mi hijo sacó de no sé qué callejón destruya lo que hemos planeado.
Una chispa de triunfo encendió mi pecho, pero mantuve mi expresión de tristeza y preocupación. ¡Cómo me costó disimular mi sonrisa! Me cubrí el rostro con las manos, como si estuviera abrumada por la noticia.
—Pero… pero él se fue con ella —dije fingiendo desesperación—. Canceló nuestro compromiso sin una sola explicación y se marchó con esa mujer. Sé que las circunstancias entre nosotros no han permitido una conexión amorosa, pero parece que… es todo lo contrario con esa tal Andy. ¿Por qué se fugaría con ella si no estuviera enamorado?

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