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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 28

ANDY DAVIS

Aún sentía el calor de los labios de Damián sobre los míos y el peso de sus palabras resonando en mi cabeza. ¡No podía confiar en él!, no debía confiar en él… pero una parte de mí se negaba a ignorarlo. Era guapo y esa actitud dominante y feroz, la manera en la que me veía como si fuera su propiedad y la forma en la que me tomaba con firmeza me hacía temblar.

Había algo en él y en la manera en la que me tocaba, no era suave como Bastián, era decidido y firme, pero sin lastimarme. Aunque parecía que Damián estaba hecho de acero y cuero, cuando acariciaba mi piel, se sentía suave y cálido.

Busqué a Damián en el pasillo, mientras me sentía incómoda por llevar un café para él. Mi corazón dio un vuelco cuando no lo encontré. Necesitaba algo de aire para poder pensar en lo que me había dicho, pero pensé que al regresar lo encontraría en el mismo lugar en el que lo había dejado.

Por curiosidad decidí asomarme a la habitación de mi bebé, cuando mis ojos encontraron la escena frente a mí, me quedé inmóvil. Damián estaba sentado junto a la cama de León, con mi pequeña Victoria cómodamente instalada en su regazo. Mis hijos lo miraban con una atención absoluta, como si fuera la persona más fascinante del mundo. León sonreía, relajado, algo que no había visto en días. Y Victoria... ella parecía estar analizándolo de una manera que me hizo contener la respiración.

Mi hija siempre había sido perspicaz, mucho más de lo que su corta edad debería permitir. Algo en su mirada me decía que, de alguna manera, intuía la verdad.

¿Cómo era posible? Damián Ashford no era un hombre cálido, no era alguien a quien le fuera fácil conectar con las personas y, sin embargo, ahí estaba, logrando lo imposible: arrancando sonrisas genuinas de mis hijos.

—¿Qué miras? —preguntó él sin apartar la vista de León, pero con esa arrogancia en su voz que me crispaba y al mismo tiempo me desarmaba.

—¿Quién te dio permiso de acercarte a mis hijos? —inquirí levantando una ceja. Aunque parecía haber una armonía linda entre mis hijos y su padre, la verdad flotaba en el ambiente de manera incómoda para mí, como si estuviera atrapada en una burbuja muy frágil que en cualquier momento podría reventar.

De pronto Damián levantó la mirada hacia mí, de esa manera retadora, como si estuviera tentado a soltar la verdad y remarcar su derecho de estar con ellos. Tragué saliva y avancé con cautela hasta el sillón a su lado, extendiéndole uno de los cafés que había comprado. Cuando nuestros dedos se rozaron, un escalofrío me recorrió la piel y me odie a mí misma por lo mucho que deseaba sentir su contacto otra vez.

Él no apartó la mirada de la mía. Había algo en sus ojos oscuros, un brillo indescifrable, algo entre determinación y anhelo. Sentí que el aire se volvía más denso, que la distancia entre nosotros se hacía mínima.

—Andy... tenemos que hablar —murmuró con una inusual torpeza. No era común verlo así y menos aún con palabras que parecían sinceras. Dejó a Victoria sobre el borde de la cama y se acercó a mí. Pude notar como mis niños seguían con la mirada a Damián y compartieron una risita.

Mi pecho subió y bajó con fuerza, esperando lo que estaba por decir. No debía ceder. No debía...

Tomó mi mano suavemente y de nuevo todo dio vueltas dentro de mí. Me estaba ahogando con el mismo aire y no pude evitar tensarme.

—Damián… yo… —mi voz temblaba y no era capaz de verlo a los ojos, mientras boqueaba como pez fuera del agua.

—Necesito una respuesta —soltó y aunque no me sorprendía, mi corazón se aceleró. Por fin mis ojos se clavaron en los suyos y algo hizo clic, fue como conectar dos cabos que parecía que nunca se engancharían—. Quiero empezar en cuanto antes con «el diseño de la joya».

Su burla fue obvia, estaba repitiendo mis palabras cuando intenté defender mi falso compromiso con Bastián. Torcí los ojos y negué con la cabeza, intentando ocultar una sonrisa, cuando de pronto lo escuché soltar una suave y varonil carcajada que retumbó en mi pecho.

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