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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 32

ANDY DAVIS

De pronto el ambiente alrededor se volvió más denso y la atención de varias personas se fijó en un punto al que yo volteé. Entonces vi a Damián, caminando con determinación hacia nosotras, luciendo su ceño fruncido y su altanería. Tenía esa aura imponente que siempre generaba respeto y temor, y contra mi voluntad, mi corazón se aceleró.

—Madre… ¿qué haces aquí? —la voz de Damián irrumpió en la conversación. Su mirada era fría y cortante, pero reconocí el brillo de ira en sus ojos.

—Solo quería conocer a la madre de los mellizos —dijo su madre con una falsa dulzura—. Y ver la manera de conocer a mis nietos.

No pude evitar soltar una carcajada seca que hizo que tanto madre como hijo posaran su atención en mí.

—¿En verdad quería conocerlos? ¡Yo pensé que solo quería darme dinero para mantenerme lejos de ellos! ¡Qué despistada soy! —La mirada de Eleanor se oscureció, pero su sonrisa se afiló y por un breve momento me sentí en peligro, aun así mantuve la frente en alto y firme en mi decisión—. Para terminar nuestra… «plática», no, no quiero su dinero, no quiero el dinero de Damián, no quiero nada de la familia Ashford. No me interesa ser parte de una elite llena de hipocresía y puñaladas por la espalda.

»Pero si necesita los servicios de mi bufete, porque parece una mujer que se mete en aprietos de manera constante, tome… le ofrezco mi tarjeta. —Le extendí una de mis tarjetas, la cual tomó con brusquedad y casi corta mis dedos.

—Damián… ¿vas a dejar que esta mujer me hable de esa forma? —preguntó indignada sin apartar la mirada de mí y algo me decía que estaba en severa desventaja. Ni siquiera quise ver a los ojos a Damián cuando me gritara por ofender a su madre, pero los segundos pasaron en silencio y las exigencias de la señora Ashford no parecían haber sido escuchadas.

—Sal del hospital, madre —pidió Damián tomándonos a ambas por sorpresa—. Lo que menos necesita mi hijo en estos momentos es ver a su abuela peleando con su madre. No conocerás a los mellizos hasta que me demuestres que eres capaz de comportarte.

—Damián… —susurró la mujer casi sin voz.

—Hablaremos después, cuando estés más tranquila, ¿entendido? —Aunque no era una orden dada en tono autoritario, quedaba más que claro hacia donde se había inclinado la balanza. Damián, por sorprendente que pareciera, me había dado mi lugar ante su madre.

¡De nuevo ahí estaba esa m*****a vocecita que me decía: ¿ya ves? No es tan malo, podemos darle una oportunidad!...

¡La odiaba! ¡¿Cómo podía arrancármela de la cabeza?! ¿Cómo podía hacer que sus ruegos no tocaran mi corazón?

—No puedo creer que me estés haciendo esto, Damián… ¡No lo puedo creer! ¡Mi propio hijo! —Eleanor lo miró con furia, pero no tenía otra opción—. Espero que no te arrepientas de poner a esta mujer por encima de tu propia madre.

Llena de indignación, la señora Ashford guardó su chequera y se marchó con la cabeza en alto, como si la conversación hubiera sido un simple malentendido. Pero yo no lo veía así.

—¿Estás bien? —preguntó Damián posando una mano en mi cintura y llevándome al interior, mientras que en la otra sostenía un par de vasos pequeños y humeantes. Podía alcanzar a olfatear el aroma del chocolate caliente.

Su contacto aumentó la temperatura de mi cuerpo, su aroma de inmediato se instaló en la punta de mi nariz y mis piernas comenzaron a temblar por su cercanía, pero aun así teníamos asuntos pendientes que me llenaron el corazón de ferocidad y determinación, así que me zafé de su contacto y mantuve la distancia de él mientras caminábamos por el pasillo de regreso a la habitación de León.

—No finjas que te importa —le espeté, mirándolo con rabia—. Ya sé de tu compromiso. No tienes que seguir fingiendo empatía.

Damián apretó los labios. Lo había descubierto y eso no le agradaba.

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