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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 40

ANDY DAVIS

No supe cuánto tiempo me quedé viéndolo hablar a unos pasos de mí, con esa actitud de que no quería que me enterara. Lo curioso era que no me dolía. No sentía celos. Solo una extraña paz.

—Tengo que irme… —susurró con apatía y suspiró. Volteó a verme con intensidad antes de estrecharme con fuerza, como si tuviera miedo de que fuera a desaparecer—. Te amo, Andy. Lo sabes, ¿verdad? Pronto estaremos juntos. Mi corazón me lo dice.

Me desconcerté. Quise apartarme para verlo directo a los ojos, pero él no me soltaba. Levanté el rostro queriendo encontrar una respuesta y él se inclinó con intenciones de besarme, pero antes de que pudiera reclamar, alguien nos atajó:

—¿Interrumpo? —preguntó Damián con calma, consiguiendo que Bastián me liberara por fin—. Ya es hora de que me prepare para la intervención.

Sin esperar respuesta, Damián tomó mi mano y la besó con dulzura, sabiendo que eso irritaría aún más a Bastián. En completo silencio, Bastián dio media vuelta y se alejó de nosotros, con mi mirada clavada en su rostro.

—No tuviste que hacer eso… —solté mientras deslizaba mi mano de entre los dedos de Damián.

—¿Por qué no? Eres mi mujer… tengo derecho a besarte cuando quiera y en donde sea —contestó Damián como si fuera lo más obvio.

—¡¿Quién te dijo que ya he aceptado casarme contigo?! —exclamé indignada.

—¿Quién te dijo que aceptaré un no por respuesta? ¿Quién te dijo que me voy a dejar vencer tan fácil? —respondió guiñándome un ojo antes de dar media vuelta y seguir por el pasillo a la enfermera que ya lo estaba esperando.

***

MINDY MILLER

Aunque Bastián no era el hombre que quería en mi cama, debía de aceptar que cuando entraba en ese trance donde imaginaba que yo era Andy, se convertía en un amante de ligas mayores. Incluso lamentaba que nuestros encuentros se fueran a acabar tan pronto.

Dos líneas rosadas, la promesa de un futuro asegurado, la confirmación de que todo iba marchando según mi plan. Dejé la prueba de embarazo positiva en sus manos y me recosté sobre la cama, satisfecha, mientras Bastián se incorporaba con un bufido frustrado, pasándose una mano por el rostro.

—¿Para qué me hiciste venir si ya tenías esto? —espetó, señalando la prueba con desdén mientras sostenía una sábana alrededor de su cintura.

Me giré hacia él, sonriendo con diversión, viéndolo caminar de un lado a otro como un animal enjaulado. Me encantaba cuando intentaba aferrarse a un control que no tenía.

—Solo quería despedirme, cariño —respondí con fingida dulzura, extendiendo mi brazo para jalarlo de la muñeca, pero él se soltó de inmediato, asqueado como cada vez que terminaba uno de nuestros encuentros y regresaba a la realidad donde yo no era su amada Andy.

—No era necesario. Pudimos evitar esto. Pudimos simplemente no vernos esta noche —masculló con la mandíbula tensa—. En estos momentos el niño está en el quirófano y yo debería de estar al lado de Andy, sosteniendo su mano, asegurándole que todo estará bien. ¡No aquí, cogiendo contigo!

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