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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 44

DAMIÁN ASHFORD

Cuando llegué a la habitación del hotel me encontré con un ambiente preparado cuidadosamente. Luces tenues, pétalos de rosa esparcidos sobre la cama, una botella de champagne con dos copas servidas en la mesita de noche. Mi corazón latió con fuerza en mi pecho.

Andy. Mi indomable pantera. Siempre lograba sorprenderme.

El momento se me hacía irreal. ¿Por fin podría tocar su piel? ¿Por fin podría llegar hasta donde siempre soñé? De solo imaginarla aceptando desnudarse ante mí, mi piel se erizaba y el deseo se elevaba. No pude evitar sonreír de lado y pensar que sería agradable tener un hijo más. ¿Era muy pronto? Tal vez, pero en verdad deseaba tener más hijos con ella, hacer una vida a su lado. Tenerlo todo.

Pero algo me inquietaba. Miré a mi alrededor y suspiré, sintiendo que quizás esto no era el momento adecuado. Ahí estaba de nuevo esa responsabilidad paterna y la imagen de los mellizos pateando lejos de mi mente esos pensamientos lujuriosos que tenía con Andy. Me acerqué a la botella, el champagne ya estaba servido y tomé una de las copas para darle un sorbo. Necesitaba calmar un poco lo que sentía.

—Quizás deberíamos dejar esto para después —murmuré, mirando la habitación con una leve sonrisa. Aunque no había visto a Andy aún, sabía que estaba en el baño por el movimiento que se escuchaba del otro lado de la puerta—. Prefiero regresar al hospital con los niños. No me gusta que estén solos con Bastián. Sé que confías en él, pero yo no lo hago.

»Además… hay otras cosas que quiero discutir y no quiero que tengas ventaja. Verte en lencería solo hará que acepte todo lo que me pidas y creo que no es justo.

Di otro sorbo, sintiéndome de pronto más relajado. Mi cuerpo se hundió en el borde de la cama y mi vista se volvió borrosa. Fruncí el ceño, sacudiendo la cabeza para despejarla, pero la sensación de letargo se intensificó, incluso me mareó. Un cansancio abrumador me invadió, algo extraño… algo que no tenía sentido. Bebía cosas más fuertes y en mayor cantidad, no tenía lógica como me sentía.

Intenté levantarme, pero la habitación comenzó a darme vueltas y terminé recostándome, tratando de recuperar un poco el control de cada extremidad. Entonces escuché una voz. Una que no pertenecía a Andy.

—Vaya, esto sí que es inesperado —dijo una voz femenina con un deje de diversión.

Parpadeé tratando de enfocar mi vista, y ahí la vi: Mindy. Vestida con una bata de seda que dejaba ver a través del escote que no llevaba nada debajo, se acercó con una sonrisa victoriosa mientras yo intentaba moverme, pero mis extremidades estaban pesadas, como si mi cuerpo se negara a responder.

—¿Qué demonios…? —intenté decir, pero mi lengua se sentía pesada, mi cabeza daba vueltas.

Mindy se inclinó sobre mí, sus manos recorriendo mi pecho con una lentitud enfermiza.

—No te preocupes, cariño —susurró con dulzura venenosa—. Esto apenas comienza.

***

ANDY DAVIS

El cansancio se acumulaba en mis hombros cuando finalmente llegué a la habitación de León. Me encontré con Bastián jugando con los niños, tratando de hacerlos reír, aunque parecían algo recelosos, respondían a sus juegos con tímidas sonrisas. Me dejé caer en el sofá, con los papeles del alta de León pesando en mi regazo. Suspiré pesadamente y murmuré:

—¿Sabes lo horrible que es ir por los pasillos buscando al doctor y pidiéndole la firma? —pregunté sobándome las sienes—. Lo peor de todo es que perdí mi teléfono. ¡No sé dónde lo dejé!

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