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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 52

DAMIÁN ASHFORD

Volver a Estados Unidos se sentía como una derrota. No importaba cuánto intentara convencerme de que lo hacía por el bien de la empresa, de que era lo correcto, de que seguir adelante era la única opción lógica. El asiento de primera clase en mi avión privado me parecía incómodo después de haber compartido el mismo espacio con Andy y no tenerla ahora, y la presencia de Mindy y mi madre a unos asientos de distancia me revolvía el estómago.

Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el respaldo, fingiendo dormir, pero escuché claramente la conversación entre ellas.

—Ahora regresaremos como una verdadera familia… —dijo mi madre en un susurro—. Las cosas serán como tienen que ser.

—Me alegra —contestó Mindy con esa voz melosa que hacía sentir a mi madre complacida.

—Una vez que Damián se case contigo, las riquezas de la empresa y el futuro de todo lo que tenemos quedarán latente en su hijo —aseguró mi madre con frialdad—. Los deseos de mi esposo eran muy claros.

»Toda su fortuna sería para su hijo y futuros nietos. Así que su hijo se convertirá en el beneficiario de todo y ustedes disfrutarán de su parte del «pastel» hasta que él crezca y pueda hacerse cargo del negocio familiar como lo hizo Damián.

No hablaban de amor, de mi bienestar o de mi felicidad, sino de dinero, de poder, de mantenerme dentro de la familia como si fuera un activo más de la empresa. Una vez más comprendí las palabras de Andy, tener una familia por compromiso, como un acuerdo y no como un acto de amor. Antes no me importaba, ahora me daba asco.

Quise levantarme y hacerlas callar, pero ¿de qué serviría?

De pronto mi celular vibró en mi bolsillo. Lo saqué con desgano, esperando un correo de la empresa, pero lo que vi me hizo tensar la mandíbula. Era un número desconocido.

«Pequeño recordatorio: Si no me das la mitad de todo lo que tienes, me encargaré de destruir todo lo que amas. No me subestimes, hermano. Con amor, Camille».

Me sorprendía su forma pasivo-agresiva de amenazarme. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda y la rabia bullendo. No me gustaba que me condicionaran, odiaba que me amenazaran, y más que miedo por lo que pudiera hacer contra nosotros, me daba curiosidad su simple existencia y la ferocidad con la que me amenazaba, como si no estuviera consciente de que, si ella se consideraba un demonio, yo era el mismísimo Lucifer. Bloqueé la pantalla con un suspiro y decidí que en cuanto llegara, investigaría a esa mujer. No entendía de dónde venía su odio, pero lo averiguaría.

Cuando aterrizamos, mi asistente me estaba esperando. Sin perder más tiempo, me encerré en la parte trasera del auto sin dar oportunidad a que mi madre o Mindy entraran.

—¡Damián! ¡¿Qué haces?! —gritó mi madre mientras yo le daba la orden a mi ayudante de que avanzara—. ¡Detente!

Si tanto les gustaba estar juntas hablando a mis espaldas, entonces irían más cómodas en un auto aparte. No pensaba interrumpir su privacidad.

En cuanto nos alejamos, mi ayudante me pasó un sobre con los resultados de la investigación sobre el medicamento que encontré en el bolso de Mindy.

—Rohypnol —dijo en voz baja—. Se usa como sedante… y también como droga para anular la voluntad.

Me quedé en silencio, procesando sus palabras.

—¿Anular la voluntad? —pregunté con un suspiro—. ¿Eso significa que un hombre no podría mantener relaciones sexuales bajo el influjo de la droga?

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