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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 66

BASTIÁN LEBLANC

El café olía a desesperación. No era el aroma del grano recién molido ni el dulzor del azúcar en las mesas, era el veneno que emanaba de Mindy mientras se cruzaba de brazos frente a mí con la arrogancia que la caracterizaba.

—Si yo no gano, Bastián, tú tampoco —su voz era un murmullo frío, calculador. Sus ojos brillaban con la certeza de alguien que ya ha decidido quemarlo todo—. Si no aceptas hacerte cargo de mí y del bebé, Andy lo sabrá todo. Cada detalle, cada mentira, cada traición.

»¿Crees que te perdonará?

—No te creerá… —Apreté los puños bajo la mesa, intentando mantenerme íntegro y apacible, demostrando la confianza que había perdido después de su amenaza.

—Sé la clase de mujer que es. Necesita más que palabras y eso le daré. —Su sonrisa se hizo más grande y sus dedos comenzaron a tamborilear suavemente en su vientre, señalando al bebé—. Una prueba de paternidad será suficiente para que todas esas noches que estuviste ausente, esas llamadas sin contestar y como ocultabas la pantalla de tu teléfono de su mirada, tengan ahora sentido.

No podía permitir que Andy lo supiera, no ahora.

—Estás delirando —espeté con una sonrisa tensa—. Hagas lo que hagas, no me casaré contigo.

Mindy soltó una risa cínica y se inclinó hacia adelante, con los ojos llenos de triunfo.

—No te estoy pidiendo que te cases conmigo, Bastián. Te estoy diciendo que lo harás. —Revisó el interior de su bolso con exceso de confianza, sacando su labial y retocándose frente a mí con aires de superioridad—. Apostemos si eso quieres. Le daré la prueba de paternidad y mi versión de los hechos. Ya veremos a quien escoge creerle.

El veneno me recorrió la sangre. Quería gritarle, quería negarlo todo, pero lo peor de su amenaza era que tenía razón. Andy creería en esa prueba y no me perdonaría. No después de todo lo que había pasado.

—Eres un maldito monstruo —murmuré entre dientes.

—No lo soy. Solo sé jugar con las reglas que me imponen. —Ladeó la cabeza con fingida inocencia—. Si quieres, Andy puede ser tu amante. No tengo problemas en que te sigas viendo con ella y con esos niños, pero la esposa seré yo. No permitiré que mi hijo nazca fuera del matrimonio.

Me levanté bruscamente, derribando la silla en el proceso. Sentí el escrutinio de los clientes de la cafetería sobre mí, pero no me importó. Mindy sonrió satisfecha mientras me alejaba sin darle una respuesta, aunque de seguro ella creía que aceptaría.

Salí furioso del lugar y conduje sin rumbo fijo por horas hasta que me di cuenta de que estaba amaneciendo, entonces decidí volver al departamento. No podía pensar con claridad, no encontraba una salida. Las notificaciones en mi celular me avisaban que los preparativos de la boda ya estaban casi listos y la fecha estaba cerca. Cada vez me sentía más extraño e inquieto.

Cuando abrí la puerta, la dulce voz de Andy me recibió como un bálsamo inesperado.

—¡Bastián! —Me abrazó con una calidez desconcertante. Mis músculos se tensaron, desconfiando. Había estado distante, pero ahora, de repente, me recibía con el amor y la alegría de antes. Me quedé inmóvil, sintiendo el peso de la culpa cuando los mellizos corrieron a abrazarme también.

—¡Papá! —gritaron al unísono, haciendo que mi pecho se oprimiera. ¿Qué estaban haciendo? Hacía mucho que no me llamaban así.

—¿Papá? —pregunté desconcertado, pasando mi mirada de uno a otro. Se veían felices, como antes. Se abrazaron a mis piernas sin decirme nada. Por un momento fue como regresar en el tiempo.

Andy sonrió con ternura y dijo:

—Hoy hablé con la organizadora, los preparativos de la boda están casi listos. —Caminó por el departamento levantando algunos peluches desperdigados por la sala—. Supongo que tenía miedo por el compromiso, pero… has sido un buen hombre conmigo durante estos años, responsable y fiel, así que no tengo dudas.

»Quiero hacer esto bien. Quiero que la boda salga… «espectacular». —Su mirada era intensa y llena de ternura, pero me sentía extraño, desconfiado, tal vez era lo que había hablado con Mindy. Debía de ser eso, porque estaba seguro de que podía confiar en Andy.

—Adelantemos la boda —solté con urgencia y la tomé de las manos—. No quiero esperar más. Quiero que todo sea oficial lo antes posible.

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