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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 67

DAMIÁN ASHFORD

La noticia de que Andy y Bastián habían adelantado la boda solo fue la cereza sobre el pastel, pues toda la semana después de esa noche en el «chalet» fue como si Andy solo estuviera concentrada en evitarme a toda costa. Como si lo que habíamos vivido no significara nada.

Eso no encajaba. Nos habíamos amado toda la noche y pensé que estábamos en la misma sintonía, que ella ambicionaba lo mismo que yo, que por fin aceptaba que lo que sentíamos por el otro no podía seguirse negando y que podríamos mezclar nuestras vidas y tener la familia que deseábamos.

Pero aquí estaba, afuera de las puertas del evento, con la rabia fluyendo por mis venas, caminando de un lado para otro preguntándome qué fue lo que hice mal y de qué manera irrumpir en ese maldito lugar para exigir respuestas y salir con lo que era mío.

Lo medité más de lo necesario. ¿Interrumpir la boda era realmente lo correcto? ¿O estaba siendo egoísta imponiendo mi voluntad sobre la suya? Tal vez Andy quería esa vida con Bastián. Tal vez lo que tuvimos fue solo un capricho, una distracción en medio de su tormenta.

—Deja de pensar tanto y actúa —me espetó Camille mientras caminábamos hacia el lugar.

Le dirigí una mirada de advertencia. Si había alguien que me estorbaba en ese momento, era ella.

—Deberíamos esperar hasta que el padre pregunte si alguien se opone a la boda. Entonces entras con decisión, gritas que te opones y te llevas a Andy sobre el hombro. Yo me encargo de los niños —armó su plan y parecía que en su mente sonaba bastante bien.

—¿Qué demonios has estado viendo? —La miré con incredulidad—. Demasiadas novelas cursis para ti, señorita.

—Lo épico siempre gana, gruñón —respondió con una sonrisa sarcástica—. ¿Por qué entrar de esa manera tan sosa, sin chiste, cuando puedes hacer una entrada triunfal? ¿Dónde queda el drama y la intensidad?

Torcí los ojos y negué con la cabeza mientras seguía avanzando. Lo último que necesitaba era más espectáculo en mi vida, pero en cuanto crucé la puerta, el aire se volvió denso, como si me adentrara en un escenario diseñado para la caída de un hombre. Y por suerte ese hombre no parecía ser yo.

Desde mi posición, vi a Bastián en el altar. Parecía nervioso, aunque intentaba ocultarlo con una mueca de seguridad. Andy caminaba hacia él, con un vestido blanco impecable y el rostro cubierto por un velo. Los niños lanzaban pétalos con una sonrisa demasiado pícara.

Todo parecía estar bien y al mismo tiempo algo estaba mal.

Bastián levantó el velo y se congeló. Retrocedió como si en vez de Andy, hubiera visto un fantasma.

Me moví por inercia, acercándome un poco más mientras el murmullo crecía. Quién oficiaba la ceremonia no era otro que el honorable juez Monroy.

Y la novia… era Rachel.

Camille me empujó a un lado y se acomodó en una banca con la mirada divertida de quien está disfrutando una buena función.

Rachel comenzó a gritar. No de sorpresa, sino de ira. El sonido de su voz rasgó la falsa calma de la ceremonia y sus lágrimas me hicieron sentir lástima por ella, tan joven, tan llena de esperanzas y con el corazón partido.

—¡Eres un desgraciado, Bastián! ¡Jugaste conmigo! ¡Usaste mi amor y el dinero de mi padre, eres un maldito parásito! —vociferó dejando en claro la clase de basura que era Bastián delante de todos.

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