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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 68

DAMIÁN ASHFORD

De pronto sentí un tirón en la manga. Camille estaba medio encima de mí, intentando ver mejor la escena, cuando noté a los mellizos sentados a su lado, con los pies balanceándose tranquilamente.

Ambos, tanto Camille como yo, los vimos fijamente con atención y algo de sorpresa.

—Mami nos dijo que nos quedáramos calladitos aquí atrás —explicó León con un resoplido de aburrimiento.

Victoria miró a Camille y luego me miró a mí, al principio confundida, como si estuviera armando un rompecabezas. Sus ojos se iluminaron con una conclusión demasiado lógica para un niño.

—Ustedes parecen gemelos. Tal vez son como nosotros… —Entonces cubrió su boca con ambas manos antes de voltear hacia León y sacudirlo, haciendo que su cabeza se balanceara bruscamente como si fuera un muñeco de trapo—. ¡Tal vez es nuestra tía!

—¿Tía? —preguntó sorprendido León sosteniendo su cabeza—. ¡Tienes razón, se parece mucho a papá!

—¡Tenemos una tía! —exclamó Victoria agitando sus piecitos con emoción.

Camille soltó una risa divertida y los acomodó en su regazo.

—Dios mío, son tan adorables —murmuró—. ¿Te das cuenta de que tenía razón? La idiota de Mindy creyó que éramos amantes, cuando nuestro parecido es tan obvio que un par de niños lo puede ver.

Rodé los ojos, pero antes de que pudiera responderle, la tensión en la sala escaló a otro nivel.

—Y hablando de ella… —susurró Camille con los ojos abiertos—. Creo que esto se pondrá mejor. ¿Listo para llamar a la policía? O… a los bomberos, tal vez al psiquiátrico.

Mindy apareció en la entrada, digna, con el mentón en alto. Su mirada entrecerrada advertía que no esperaba ver el espectáculo en el altar. De pronto levantó un sobre como si fuera una maldita profeta trayendo la verdad, luciendo una sonrisa algo macabra.

—Pensé que había llegado a tiempo para evitar la boda, pero al parecer se me adelantaron —soltó divertida, dejando que sus pasos causaran eco en el lugar.

—¿Qué quieres aquí? —preguntó Andy sorprendida—. Aquí no está Damián…

Parecía segura de sus palabras hasta que sus ojos se posaron en los míos y la mandíbula se le desencajó.

—No estoy buscando a Damián, vine por lo que es mío —respondió Mindy viendo a Bastián fijamente.

—¿Qué? —me pregunté en voz baja antes de voltear hacia Camille, quien tenía a los mellizos acurrucados sobre su pecho mientras ella les dedicaba miradas cargadas de ternura—. Tengo que… acercarme.

—Sí, sí… aquí te esperamos —susurró mientras olfateaba los cabellos de mis hijos—. ¿Verdad, mis bebés bonitos? ¿Quién necesita a papá cuando la tía Camille está aquí para ustedes?

Los estrechó con más fuerza, escurrida en la banca, con ambos niños entre sus brazos, llenándolos de besos y frotando sus mejillas contra sus rubios cabellos. Parecía fascinada, como una niña pequeña con un par de gatitos que quiere llevar a casa.

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