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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 69

DAMIÁN ASHFORD

El cuerpo inerte de Bastián yacía a mis pies, un patético recordatorio de la farsa que había construido. Andy se inclinó con frialdad, despojándose del anillo de compromiso y dejándolo caer sobre el pecho de aquel imbécil. Fue un gesto simple, pero cargado de la fuerza de su desprecio.

—Un hombre como él no vale ni una sola lágrima… —susurró Andy tomando de la mano a Rachel, quien había dejado de llorar y ahora tenía la mirada cargada de una profunda y tranquila tristeza.

Cuando la jovencita se quitó su anillo y lo dejó sobre el pecho de Bastián, este tuvo un breve momento de lucidez, tomando la muñeca de Rachel para mantenerla cerca.

—Perdóname… —susurró con el rostro machacado y la mirada clavada en su ahora exprometida. Era la primera vez que sentía que sus disculpas eran sinceras, lástima que ya era demasiado tarde.

Con una ternura que no creía que se mereciera Bastián, Rachel acarició su cabello, pero su rostro no dejaba de reflejar el dolor de la traición.

—De algo puedes estar completamente seguro —susurró Rachel con voz quebrada—. Hoy perdiste a la mujer que más amor te tuvo. La única que permaneció a tu lado cuando tú la tratabas con tanta frialdad.

»Jamás encontrarás un amor tan bonito y profundo como el que te dediqué. Fui la única que te amó, no por tu dinero, ni por tu prestigio, no por un pasado o un futuro, simplemente porque eras tú.

»Todos demostramos lo que somos, con lo que damos, en mi caso te di todo, pero tú no me diste nada. —Sonrió con melancolía antes de inclinarse sobre Bastián y dejar sobre sus labios un suave beso. Breve, pero tan cargado de sentimiento que parecía que las ventanas explotarían—. Un último beso, uno real, uno que sé que recordarás cuando veas que yo seguí sin ti y encontré la felicidad en otro lugar.

Aunque mi golpe le había roto la cara a Bastián, las palabras de Rachel y ese último beso lo había destrozado de manera más profunda. El golpe sanaría, pero las heridas que Rachel había dejado en su corazón, seguirían sangrando por mucho tiempo. La jovencita simplemente retrocedió y se refugió entre los brazos de su padre. Si alguien había sido la verdadera víctima en todo esto, había sido ella.

—Todo se paga en esta vida Bastián… —dijo Andy negando con la cabeza mientras retrocedía—. Si sabes lo que te conviene, no vuelvas a buscarme ni a mí ni a los niños. Nuestra sociedad en el bufete queda disuelta.

»Púdrete en el infierno —siseó llena de odio antes de dar media vuelta. Había algo implacable en su voz, un filo que me resultaba tan atractivo como peligroso. Cuando se giró para irse, supe que la batalla aún no había terminado.

Mindy se arrodilló junto a Bastián, su mirada no reflejaba preocupación, sino una especie de codicia retorcida, como si ya estuviera calculando la mejor forma de sacar ventaja de la situación. Pero no me importaba ella, ni el desastre que había dejado atrás. Solo me importaba Andy.

Cuando nuestros ojos se encontraron, vi el fuego de su determinación, pero también una herida abierta.

—Al final, me diste la razón —murmuré con suficiencia.

—Tuve que escuchar la verdad de Rachel, no de ti, Damián, que ya la sabías —espetó con rabia—. Si hubieras sido sincero desde el principio, no habría tenido que ser así.

Me crucé de brazos, sin inmutarme.

—No hubieras confiado en las pruebas, así vinieran del mejor detective privado. No eres ese tipo de mujer, Andy. Nunca lo fuiste. —Entorné los ojos y me acerqué un poco más a ella, víctima del magnetismo que siempre ejercía sobre mí.

Se quedó en silencio, como si las palabras le pesaran. Lo sabía. Yo la conocía mejor de lo que ella misma se permitía admitir.

—¿Y ahora qué? —pregunté con calma, aunque la ansiedad me carcomía por dentro.

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