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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 74

ANDY DAVIS

Decidí poner distancia y concentrarme en la mudanza para no caer en el embrujo de esos ojos negros. Damián se acercó justo cuando me disponía a levantar una caja, pero antes de que pudiera ayudarme, esta se me resbaló de las manos y los libros cayeron al suelo con un estruendo.

Frustrada y agotada, con los hombros caídos y con ganas de hacer un berrinche digno de mis mellizos, me resigné a levantar todo. Nos agachamos al mismo tiempo para recogerlos y nuestras manos se rozaron. ¡Era ese mismo maldito cliché! Ese roce sutil, ese momento donde el aire se electrifica, donde nuestras miradas se encuentran para intentar dar sentido a lo que está pasando en nuestros cuerpos y comprender por qué nuestra piel arde de esa manera.

Entonces Damián tomó uno de los libros y lo revisó, formando una sonrisa en su rostro.

—De feroz pantera a ratón de biblioteca —susurró con gracia y cuando volteó hacia mí, me sonrojé, pero intenté disimularlo mientras le arrebataba el libro.

—Soy estudiosa, me gusta lo que hago, lo suficiente para querer estar preparada y cubrir todas las posibilidades —contesté fingiendo estar ofendida—, pero… ¿qué sabes de estudio si a ti te dieron todo en charola de plata? El negocio de la familia, ¿estudiaste algo para dirigirlo o solo esperaste con la mano estirada?

Me levanté del piso, arrepentida por haber sido tan dura. Su presencia me ponía demasiado nerviosa y en mi esfuerzo por no ceder, no estaba midiendo mi bocota.

—Damián… yo no quise… —empecé sin saber cómo disculparme, pero él parecía muy tranquilo.

—De hecho, estudié Química Industrial, cuando mi padre me dijo que me dejaría su empresa, entonces tomé la maestría en Administración de Empresas, además de una especialidad en Química Farmacobiología así como Biología Celular. Gracias a eso me animé a impregnarme más en las clínicas de reproducción —respondió con soltura, dejándome evidentemente sorprendida. No era cualquier hijo de papi con suerte. En verdad se había preparado—. Tienes razón, nací en cuna de oro y todo lo que tuve me lo dieron en charola de plata, pero eso no me hace un analfabeto.

Tomó la caja de mis manos antes de sonreírme con satisfacción y dar media vuelta.

Y ahí estaba Damián, dándome otro motivo por el cual enamorarme de él. Un hombre con ambición e inteligencia, con una belleza varonil fuera de lo común, con una presencia magnética e intimidante. ¿Siempre había tenido todo lo que yo deseaba en un hombre?

—Sabía que este departamento era de Bastián, y que tarde o temprano tendrías que mudarte —cambió de tema y levantó la vista hacia el edificio—. Quise asegurarme de que estuvieran bien tú y los niños.

—Ya busqué algunos departamentos de buen precio —respondí encogiéndome de hombros—. Me las he arreglado hasta ahora.

Damián me observó en silencio, entornando los ojos como si quisiera leerme la mente, pero solo conseguía que el corazón se me acelerara.

—Andy, quiero estar cerca de mis hijos —soltó de pronto, acercándose un poco más—. No me separes de ellos.

Levanté la mirada, cautelosa. Había algo diferente en su tono, como si estuviera realmente carcomido por la idea de perderlos.

—No me separes de ti —agregó y tomó mi mano. Sentí el calor de su tacto.

—No estoy buscando príncipes ni cuentos de hadas, Damián. No después de todo lo que pasó.

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