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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 76

DAMIÁN ASHFORD

El auto negro, el taxi ejecutivo que había enviado por Camille, se detuvo frente al «chalet», y mi corazón dio un vuelco cuando la vi descender. Recordé cuando entré a la habitación y ella no estaba, pero sus cosas seguían ahí. No había ni una nota, ni un mensaje, simplemente había desaparecido, y sus planes de recuperar lo que a ella le pertenecía de la herencia y alejarse, retumbaron en mi cabeza.

Creí que eso era lo que estaba haciendo, hasta que vi unos pétalos en el piso. En ningún momento habíamos tenido flores en el lugar. Además, no parecían pertenecer a cualquier flor, sino a una clase de rosas de un rojo muy oscuro.

Esa era la única pieza que no encajaba.

Desde el primer vistazo, supe que algo no estaba bien. Había una sombra en los ojos de Camille que no había visto antes. Caminaba con la cabeza gacha, arrastrando su maleta por el camino de piedra como si fuera un peso mucho más grande del que podía cargar.

Mi corazón se estrujó de manera dolorosa, como si una mano invisible lo estuviera apretando con todas sus fuerzas. En tan poco tiempo de convivencia, ya la reconocía como mi hermana, carne de mi carne, sangre de mi sangre, y lo que a ella le hiciera daño, parecía también hacerme daño a mí. Entonces volteé hacia atrás y vi a Andy, los mellizos estaban pegados a ella y los tres me veían con curiosidad.

Abrí la puerta y me quedé inmóvil, observando a Camille y cada uno de sus movimientos. Cuando finalmente levantó la vista y nuestras miradas se encontraron, soltó un suspiro largo y pesado, como si llevara siglos conteniéndolo en su pecho. Algo en ese gesto hizo que mi preocupación se intensificara. Ella solía ser aire fresco, dinamita y sarcasmo. Pero ahora... ahora parecía un pájaro con las alas mojadas.

Se plantó frente a mí y parecía confundida, como si no supiera cómo explicar la maraña de pensamientos que tenía en la cabeza, o siquiera considerara buena opción hacerlo. Froté sus brazos fríos y le ofrecí una sonrisa antes de abrazarla.

Pude sentir como su cuerpo se tensó y sostuvo el aliento. Poco a poco cada uno de sus músculos se fue relajando y sus brazos correspondieron, rodeando mi torso con fuerza. ¿Era la primera vez que nos abrazábamos?

—Pensé que, después de todo lo que hemos vivido, me habías abandonado —solté en cuanto la liberé, pero no del todo, pues mis manos seguían en sus hombros.

Me dio una sonrisa de medio lado y negó con la cabeza.

—No te será tan fácil —refunfuñó y me dio un pequeño golpecito en el abdomen—. Pienso quitarte todo, grandulón, y eso lleva tiempo.

Antes de que pudiera decir algo, los mellizos rompieron la tensión, gritando con entusiasmo al verla.

—¡Tía Camille! —chillaron al unísono, corriendo hacia ella con una velocidad que me hizo sonreír pese a la inquietud en mi pecho.

Camille apenas tuvo tiempo de soltar la maleta antes de que Victoria y León se lanzaran a sus brazos. La vi tambalearse ligeramente, pero pronto les envolvió con fuerza, aferrándose a ellos como si fueran lo único que la mantenía en pie.

—Empezando por este par de panquecitos de vainilla súper esponjosos, ¡serán todos míos! —De pronto su semblante se iluminó y comenzó a llenar de besos a mis hijos que no paraban de reír, divertidos por la explosión de amor.

—Claro, ¿por qué quedarte con mi empresa, mis propiedades y autos, si puedes quedarte con mis hijos? —pregunté con sarcasmo mientras tomaba su maleta.

—Tengo una teoría —soltó Camille retomando su actitud fresca y humor negro de siempre. Sabía que sus palabras no me gustarían—. Ellos tienen todo el carisma y la ternura que tú, ni de chiste, tienes. En pocas palabras se parecen más a mí que a ti.

Suspiré apesadumbrado mientras negaba con la cabeza y torcía los ojos.

—Tienes la percepción de ti misma muy alterada —murmuré antes de alejarme.

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