ANDY DAVIS
Cuando llegamos al «chalet», lo primero que vi fue a una mujer sentada en el comedor. Su cabello rojo brillaba bajo la luz y usaba un traje sastre ajustado que dejaba poco a la imaginación. Tenía la pinta de esas secretarias sexys que solo quieren seducir al jefe. No sabía quién era, pero la familiaridad con la que miró a Damián me hizo sentir una punzada de celos. En verdad sus ojos se iluminaron en cuanto él rebasó la puerta y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios rojos, mostrando una hilera de dientes blancos bien alineados.
—Sophie —saludó Damián manteniendo su tono neutral y profesional.
La pelirroja se levantó con un movimiento elegante y cruzó la habitación hasta situarse muy cerca de él. Demasiado cerca. Más de lo que me gustaría, pero mientras yo no dejaba de verla con coraje, Damián parecía ni siquiera notarla.
—¡Cuánto tiempo! —dijo con una sonrisa coqueta—. Te hemos extrañado mucho en América. ¿Cuándo vuelves? Hay un nuevo bar que abrieron cerca del edificio central y…
Damián no pareció inmutarse, era como si la palabrería de esa pelirroja no entrara por sus oídos y, sin apartarse, me rodeó con un brazo y me acercó a su costado.
—Déjame presentarte a Andy, mi prometida y madre de mis hijos —respondió con una media sonrisa, parecía que estaba tratando de esconder el orgullo que pronunciar esas palabras le generaba.
Sentí un vuelco en el corazón mientras que Sophie pareció descolocada durante un segundo, pero recuperó rápidamente su porte seductor.
—Encantada, Andy. —Su tono era dulce, pero había algo calculador en su mirada.
—Señora Ashford —corrigió Damián volteando hacia mí, viéndome con tanta intensidad que me sonroje—. Llámala de esa manera para que comience a acostumbrarse.
Sophie sonrió con rigidez y parecía estarse intoxicando con su propio veneno. Volvió su atención hacia Damián y tomó una actitud sería.
—Hay una empresa nueva en el mercado, aún no sé mucho sobre los miembros que la dirigen, pero no solo se ha jactado de ser una competencia directa para ti, sino que piensan demandarte —dijo con tranquilidad y se cruzó de brazos de manera que sus pechos se vieran más grandes. No pude evitar torcer los ojos con fastidio.
—¿Demandarme? —preguntó Damián y noté que estaba molesto por cómo apretaba las mandíbulas—. ¿Por…?
—Al parecer consiguieron patentes que no han sido registradas. Todo el marco teórico, el procedimiento, las pruebas… lo tienen, y están demandando para demostrar que ellos fueron quienes lo crearon y que tú se los robaste —respondió Sophie mordiéndose los labios y acercándose un poco más, como si quisiera que la conversación fuera más privada.
—¿Cómo es eso posible? ¡¿Quién carajos les vendió todo?! —exclamó Damián perdiendo la paciencia, peinando su cabello hacia atrás mientras caminaba de un lado para otro.
—Hay rumores… —susurró Sophie recuperando la atención de Damián—. Dicen que tu madre fue quien les entregó todo. Tal vez no toleró la humillación pública que le hiciste, ni darle la mitad de toda la fortuna familiar a tu hermana. Lo siento.
Damián se quedó estático, con las quijadas trabadas del coraje. Di un paso hacia él, pero cuando me di cuenta Sophie ya estaba a su lado, posando su mano en su hombro como si intentara consolarlo. Antes de que pudiera reclamar, Damián la tomó por la muñeca y se quitó su mano de encima, dedicándole una mirada fría.
—No tienes de qué preocuparte, el caso ya está siendo revisado por todo el departamento jurídico de la empresa… Será pan comido —contestó la arpía con una voz irritantemente dulce.

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