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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 79

DAMIÁN ASHFORD

La noche había caído en un manto de tranquilidad sobre el «chalet» después de lo que había ocurrido con Sophie, pero mi interior era cualquier cosa menos sereno. Andy servía el vino con aparente tranquilidad, sus nudillos estaban enrojecidos y su semblante era tranquilo, pero por dentro tenía miedo de que las palabras de esa abogada hubieran fracturado lo que tanto me había costado comenzar a forjar con Andy. Necesitaba aclarar lo que había pasado con Sophie, pero más que eso, necesitaba que ella supiera lo que significaba para mí.

Con una sonrisa, Andy me ofreció una copa y caminó hacia el sofá frente a la chimenea. Se veía hermosa en la penumbra y me negaba a perderla solo por una cuestión del pasado. Tomé la botella, decidiendo que necesitaría más que una copa, y me senté a su lado.

—¿Hablamos? —pregunté esperando que no me rechazara.

Andy levantó la mirada hacia mí, sus ojos azules brillando con la luz danzante del fuego. Asintió y tomó un sorbo de su copa.

—¿Me vas a regañar por golpear a tu abogada? —preguntó con una sonrisa apenada.

—¿Tú me vas a golpear por ciertos deslices de mi pasado? —pregunté de vuelta, aunque ella parecía tomárselo a broma, yo en verdad me sentía como si caminara en la cuerda floja—. Lo siento, Andy. Sé que lo que Sophie dijo fue incómodo, y no puedo negar que fue parte de mi pasado... pero quiero que entiendas algo. Nada de eso significó nada para mí. Eran pasiones pasajeras, vacías, sin sentido.

»Después de que te conocí en esa clínica, de que me abofeteaste cruelmente y decidiste comenzar a odiarme, yo… no pude sacarte de mi cabeza. Ese día ya no pude ver a otra mujer, ni desear compartir mi cama. Solo podía pensar en ti. Incluso ahora… así es como paso mis días. Contigo en mi mente.

Ella no dijo nada de inmediato. Mantuvo la mirada fija en el fuego mientras tomaba otro sorbo de vino, sus labios suaves y tentadores humedeciéndose con el líquido rojo solo me tentaban. Luego, una pequeña sonrisa curvó sus labios, y mi corazón dio un vuelco.

—Te creo, Damián —dijo suavemente—. Porque, de alguna manera... a mí me pasó lo mismo.

Mis cejas se alzaron, sorprendido. De pronto sentí que no la estaba perdiendo, sino por el contrario, estaba encontrando algo más, un muro estaba cayendo.

—Incluso cuando Bastián intentaba acercarse a mí y hablarme de amor, siempre estabas tú en mi cabeza. —Volteó hacia mí con los ojos llenos de determinación y al mismo tiempo miedo—. Nunca estuve con él. Ese día que me viste salir con una sábana, no… no había tenido intimidad con él, de hecho me iba a bañar cuando escuché todo el escándalo.

Torció los ojos, como si estuviera avergonzada y después sonrió de esa manera que tanto me encantaba.

—No había manera de que lo dejara llegar tan lejos cuando tú parecías tan presente en mis pensamientos. Acelerabas mi corazón, aunque no estuvieras ahí conmigo. —La intensidad de sus palabras me golpeó con fuerza.

No podía seguir conteniendo el impulso de tocarla. Extendí la mano y acaricié suavemente su mejilla, sintiendo su piel cálida bajo mis dedos. Andy no se apartó. De hecho, se inclinó hacia mi toque, cerrando los ojos por un breve instante como si lo disfrutara tanto como yo.

—Cuando golpeé a Sophie… —continuó ella, abriendo los ojos de nuevo—, pensé que la defenderías. Pensé que tomarías su lado.

—¿Cómo podría? —respondí genuinamente confundido—. Sabía que, si reaccionaste así, era porque te sentiste agredida. Y eso fue suficiente para que yo perdiera la razón.

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