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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 8

ANDY DAVIS

Llegué con toda la actitud a mi primer día de trabajo, con la idea de que nada podría salir mal. El de R.R. H.H. me llevó a la que sería mi nueva oficina y no pude ocultar mi sonrisa al imaginarme cómo podría comenzar a decorarla y poner fotos de mis pequeños cuando nacieran. Este trabajo me causaba mucha ilusión.

Entonces, mientras mi mente estaba distraída escuché un suave chiflido que me hizo sentir como si estuviera pasando frente a una construcción llena de albañiles. Volteé lentamente, aún abrazando mi bolso contra el pecho.

—Mira nada más lo que tenemos aquí… —dijo un hombre joven y bien vestido. Debía de admitir que era bien parecido, pero tenía un enorme letrero en la frente que gritaba: Patán.

—Señor Smith, es un gusto presentarle a la nueva integrante de su equipo —dijo el de R.R. H.H. con una gran sonrisa.

El hombre entró a mi oficina, paseando su mirada por mi cuerpo y deteniéndose en mis piernas. Por un momento me arrepentí de haberme puesto la falda y no los pantalones.

—Ya veo… se ve «pollita» —agregó con una media sonrisa.

—¿«Pollita»? —pregunté desconcertada y ladeé la cabeza. Fue imposible poner distancia con ese tipo, porque en un par de pasos ya lo tenía frente a mí y su mano se posó en mi mentón.

—Joven, inocente… aún la vida no te malea —susurró encantado.

—¡Si supieras! —exclamé asqueada.

—Bueno, me retiro para que hablen del proyecto en curso y se pongan al corriente —dijo el de R.R. H.H. y por un momento me sentí tentada a suplicarle que no se fuera—. El señor Smith te capacitará y te enseñará todo lo que tengas que aprender.

—Ah… —Sentí un nudo en el pecho. ¡Ya sabía yo que no había trabajo perfecto!

—No te preocupes, seré gentil —contestó el señor Smith guiñándome un ojo antes de dar media vuelta—. Linda oficina, pero me gustaría que me fueras a visitar a la mía. Creo que necesitamos conocernos.

Abrí la boca, pero la cerré, no tenía mucho que decir y lo único que atravesaba mi cabeza era quejarme.

—Te espero, no tardes —agregó antes de cerrar la puerta y dejarme unos segundos sola y reflexiva. ¿En verdad necesitaba esto?

Dejé mis cosas, ni siquiera me di el tiempo de acomodarlas, no quería retrasarme y que ese hombre pensara que era una falta de respeto no estar en su despacho a tiempo.

En cuanto salí de mi oficina, eché un vistazo a mi alrededor, ¿dónde estaba la oficina de ese patán?

—Disculpa… ¿Dónde está la oficina del señor Smith? —pregunté a una chica que estaba pegada a una copiadora. Levantó su atención hacia mí y se ajustó los lentes de armazón grueso. Parecía haber visto a un fantasma o más bien a un condenado que desfilaba directo hacia la orca.

—Por allá… —susurró mientras señalaba con la punta de su lapicero.

—Gracias —contesté por cortesía, entonces me di cuenta de que no era la única que me veía extraño. Al parecer la reputación del señor Smith lo precedía y todos los trabajadores que nos habían escuchado parecían sentir lástima por mí. Sus miradas no se apartaron y el silencio fue extraño.

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