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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 83

ANDY DAVIS

No conocía lo suficiente a Camille, pero sabía que era una mujer fuerte y arrogante. Verla tan pequeña me dejó sin aliento. No iba a presionarla por respuestas, no tenía sentido. Así que solo negué con la cabeza y tomé su mano con suavidad.

—No, Camille. No estoy enojada, estoy preocupada. —Intenté sonreír—. Ven, comamos algo. ¿No tienes hambre?

Compartimos una mirada que decía más que cualquier palabra. Era sorprendente ver el parecido que tenía con Damián. Volteé hacia Victoria que nos observaba con desconcierto y curiosidad. Agarrándose los deditos por encima del pecho. Indecisa si acercarse o ir con León. Eran tan unidos, pero amaba a su tía y estaba preocupada por ella, aun así, necesitaba un momento a solas con Camille.

—¿Podrías darle a mami y a tía Camille algo de privacidad? Creo que tu padre necesita más consuelo y dudo mucho que León tenga tanto encanto como tú para eso —dije con media sonrisa—. Alguien tiene que cuidar de ellos.

Victoria pareció pensar mucho en mis palabras antes de asentir con seriedad y compromiso.

—Yo cuidaré de ambos —contestó con orgullo y una sonrisa a medias. Cuando sus ojos se posaron en Camille, de nuevo encontré ese atisbó de desilusión que claramente les dolía a ambas, incluso a mí.

Con actitud melancólica, Victoria decidió arrastrar sus piecitos escaleras arriba. Verla de esa manera me rompía el corazón. Los niños habían pasado por tantos cambios, tanto buenos como malos, que me temía que uno más los empezara a afectar.

—Has estado descuidándote —le dije a Camille, aún sin voltear hacia ella, pero con tono suave, queriendo romper el silencio de manera gentil—. Tienes que empezar a pensar en tu bebé también.

En todo este tiempo que había estado viviendo con nosotros, no comía de manera regular, mucho menos saludable. Además, el evidente estrés en el que estaba sumergida no era bueno. Cuando volteé hacia ella me miró con ojos vulnerables, como si mis palabras la hubieran tocado más de lo que imaginé.

Bajó la mirada y sus manos se posaron sobre su vientre. Conocía muy bien esa sensación. Estaba sintiendo el peso de una vida en su vientre. Una cosa era ver la prueba de embarazo y otra cosa era aceptar no solamente la existencia del bebé, sino como el resto de tu vida se iba a transformar.

—Andy… —susurró con voz temblorosa.

—Tranquila, todo saldrá bien —dije con media sonrisa mientras la llevaba a la mesa. Tomé su plato y lo tuve que recalentar en el microondas. El aroma de la comida se intensificó en la cocina—. Estoy contigo en esto, y sé que Damián también. Solo dale tiempo para que se haga a la idea.

Dejé el plato ante ella y me senté a su lado. Comenzó a picar la pasta con el tenedor, pero no estaba ahí, su mente viajó a otro lugar, hasta que posé mi mano sobre la suya y volteó hacia mí, con esos ojos negros tan parecidos a los de Damián. Tan oscuros como la obsidiana.

—Mientras tú estés bien y hagas esto porque así lo quieres… Nosotros estaremos bien. Lo único que queremos es tu felicidad. —Entorné los ojos como si quisiera leer sus pensamientos, porque sabía que había algo más que no estaba diciendo, sellado en el fondo de su mente, en una caja fuerte rodeada de cadenas—. Camille… ¿eres feliz?

Mi pregunta la tomó por sorpresa. Noté como se tensó y su espalda se puso recta. Su respiración de nuevo era pesada y sus ojos se enredaban en la pasta de su plato.

—¿Esto es lo que quieres? ¿Esto te hace feliz? —pregunté en un susurro, pero mis palabras parecían pesar como plomo.

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