RACHEL MONROY
—Tenemos que volver —dijo Damián mientras yo caminaba detrás de él y de Andy. No había escuchado muy bien la llamada, pero parecía que había algún problema con los niños. De pronto volteó hacia mí y sus ojos expresaban una intensa preocupación—. No te quedes aquí más tiempo, no me gustaría que permanezcas sola con esa clase de gente.
De nuevo ahí estaba alguien tratándome como una niña pequeña. Torcí los ojos mientras intentaba sonreír. Me molestaba que me creyeran tan inocente y tonta, aunque lo que había pasado con Bastián no me ayudaba mucho para respaldar mi madurez.
Me había convertido en la niña ingenua que había creído en cuentos de hadas y que pensaba que tendría un matrimonio perfecto con el hombre perfecto.
—Con cuidado, espero que todo esté bien en casa —dije con esa sonrisa rígida que escondía mi frustración, terminando de esa manera la plática.
Me quedé en el descanso de las escaleras dobles, observando la majestuosa vista del patio principal mientras ellos se alejaban presurosos.
Entonces me di cuenta de algo: no estaba tan sola como pensaba.
Lo supe antes de girarme. Una presencia se hizo notar a mi lado, imponente, con una seguridad que me puso alerta. Alexei Makarov. Sostuvo una copa de vino frente a mí y me la ofreció con una media sonrisa.
—¿Un brindis?
Negué con suavidad, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—Conduciré de regreso a casa. No puedo tomar.
No apartó los ojos de mí y eso me hizo sentir vulnerable, no porque me intimidara, sino porque era demasiado observador. Como si pudiera leer entre líneas, escudriñando lo que yo misma intentaba ignorar.
—Me sorprende que el señor Ashford confíe en una novata para llevar un caso tan importante —comentó con aparente curiosidad.
¡Genial! Otro idiota que no me creía suficiente.
—Si quieres subestimarme, tendrás que esforzarte más. Otros han sido más groseros e hirientes y no han podido hacerme retroceder. —Le guiñé un ojo, queriendo mantenerme digna y con la frente en alto, aunque en el fondo, este asunto de ser una mujer joven en un mundo empresarial y legal que parecía dominado por hombres, era abrumador.

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