CAMILLE ASHFORD
Aston Smith, ¿quien carajos es Aston Smith?, me preguntaba mientras trapeaba la estancia, casi de manera automática. Entre más averiguaba, más me confundía y más deseaba estar en casa, con mis pequeños mellizos, el cabeza hueca de mi hermano y la maternal Andy.
De pronto escuché que algo se cayó a mi lado, cuando volteé no solo noté una maceta volcada y rota, con toda la tierra desperdigada, sino también a una mujer bastante hermosa y arrogante con una sonrisa bien dibujada y una mirada tan afilada que me atravesó el pecho.
—¿Qué esperas, sirvienta? ¡Recoge! —gritó y pateó la tierra con la punta de su zapatilla, dispersándola.
Mis manos se apretaron alrededor del palo de mi trapeador y me esforcé por sonreír. Reconocía su voz. Era la mujer con la que había hablado Lucien en el hangar.
Sin decir nada me acerqué para comenzar a recoger todo, empezando por la tierra, pero en cuanto me hinqué ella volvió a patearla haciendo que mi uniforme se ensuciara.
¡Uff! Solté una risita, pero no porque estuviera particularmente divertida con esto, sino porque sabía que, en otras circunstancias, ya le habría metido la cara en la tierra como si fuera un perro maleducado mientras le gritaría que no fuera una «chica sucia». Pegarle en la nariz con un periódico enrollado también era una buena idea.
Decidí esforzarme más por ignorarla y de nuevo me enfoqué en recoger. Por el rabillo del ojo pude notar la presencia de Lucien, pero ni siquiera le presté atención.
—Al parecer tu nueva sirvienta es una torpe —dijo la mujer con arrogancia—. Lucien, tienes que educarlas mejor.
—Nadia… —murmuró Lucien con un tono profundo, pero de inmediato la mujer lo interrumpió.
—Hablo en serio, ¿cómo esperas que esta chica funcione? —Entonces la perra engreída se atrevió a algo que no tuvo que hacer. Pisó mi mano, la que portaba el anillo que me había dado Lucien. No pude evitar quejarme, no por el dolor de sentir su tacón encajándose en mi carne y oprimiendo mis tendones y huesos, sino por la rabia de la humillación.
—¿A eso viniste, Nadia? —preguntó Lucien con la actitud que tendría un globo desinflándose y que ya no tuviera fe en la humanidad.
Levanté mi mirada para encontrarme con ese rostro con capas y capas de maquillaje y un peinado espectacular.
—¿Qué es eso? —pregunté fingiendo estar horrorizada y asqueada.
—¿Qué es qué? —respondió Nadia quitando su pie de mi mano y retrocediendo un par de pasos mientras sus manos se movían con delicadeza por su cara.
—¡Dios mío! ¡¿Qué carajos es eso?! ¡Alguien ayúdela! —exclamé hincada en el piso aumentando el horror en mi rostro, haciendo que todos, incluso Lucien se asomara para ver el rostro de Nadia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO