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Embarazada por Accidente de los Mellizos de CEO romance Capítulo 98

CAMILLE ASHFORD

Con ambas manos sobre su pecho, alejé a Lucien, llena de furia.

—¿Eso quieres? ¡Bien! —respondí mientras me quitaba el uniforme, mostrando cada marca, cada moretón y cada inflamación, no solo producto del trabajo arduo, sino de su crueldad—. ¿Te gusta lo que ves, guapo? ¡Mira lo que has logrado en tan poco tiempo! ¡Todo tuyo! ¡Disfruta de tu muñeca rota todo lo que quieras y después déjame en paz!

Esta vez no fue tan fácil. Las lágrimas caían por mis mejillas y mis labios temblaban mientras le mostraba mi cuerpo, dejando solo la lencería, y luciendo mis heridas. Sus manos bajaron la velocidad, apenas se desabrochó la camisa cuando sus ojos se movían en mi piel, en cada moretón.

—Desagradable… ¿no? —solté con un suspiro y volví a recargarme en la pared—. Pensé que… había encontrado a alguien bondadoso entre toda esa podredumbre que me rodeaba. Creí que eras una clase de ángel guardián, pero no… me confundí. Solo eres un diablo más que planea llevarse un trozo de mí antes de dejarme peor de como me encontró. Igual que todos.

»Dale… sáciate. Solo te pido un favor, deja que mi hijo regrese con su familia, deja que él pueda disfrutar de la alegría que es estar con Damián y Andy. No quiero que sufra lo mismo que yo en tus manos.

Sus ojos turquesa se encontraron con los míos y por primera vez en mucho tiempo vi piedad y tristeza, pero no fue suficiente para que toda la ira desapareciera. Sentía que mi cabeza era una olla con agua hirviendo, borboteante, a punto de explotar.

—Camille… —susurró mi nombre, pero en cuanto dio un paso hacia mí, un cólico fuerte y cortante me atravesó el vientre. El dolor fue tan intenso que vi negro antes de caer de rodillas y sujetar mi vientre con fuerza.

—Mi bebé… —fue lo único que pude decir antes de levantar la mirada hacia Lucien y caer inconsciente en la alfombra.

***

LUCIEN BLACKWELL

—¿Camille…? —susurré su nombre mientras mi corazón se detenía. Me lancé hacia ella y la tomé en mis brazos buscando con desesperación su pulso, entonces noté como de entre sus muslos corría un hilo de sangre.

Sin pensarlo mucho, la envolví en mi abrigo y la levanté en mis brazos, tenía que llevarla al hospital. Salí corriendo de la habitación y bajé las escaleras con habilidad. El ama de llaves seguía revisando el rostro de Nadia, la sangre había dejado de gotear de su nariz, pero su cara se había amoratada e inflamada.

—¡Lucien! Tienes que llevarme al hospital, me duele mucho —suplicó acercándose a mí, pero solo la ignoré y pasé de largo—. ¡Lucien! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿No me escuchaste?!

—Tengo que llevar a Camille al hospital —contesté sin siquiera voltear hacia ella.

—¡Lucien! ¡¿Estás escuchando lo que dices?! ¡¿Vas a llevar al hospital a la hija de puta que nos arrebató a Anna?! ¡¿Es en serio?! —gritó detrás de mí, apurándose para seguirme el paso—. ¡Déjala morir en el sótano y llévame a mí al hospital!

—¡Mi hijo se está muriendo! —grité furioso al voltear hacia Nadia. Por breves segundos el peso de mis palabras asentó el polvo. Lo había dicho, lo había admitido, estaba aceptando que Camille estaba embarazada y que ese niño era mío, después de mis burlas y escepticismos.

Nadia se quedó congelada en medio del recibidor, con las manos temblorosas y los ojos bien abiertos, pese a que la cara se le comenzaba a hinchar.

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