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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 11

Paulina le dijo que sí, pero en cuanto Alicia salió, hizo una mueca a sus espaldas.

***

Irene se llevó a Federico al restaurante y se sentaron bien juntos. Esa imagen no dejaba de darle vueltas a Gloria en la cabeza.

No debió voltear a verlos.

De regreso, Gloria dejó que el aire frío le pegara en la cara hasta que se le bajara el nudo en el pecho. A medio camino entró a comer algo caliente, una sopa, y luego se fue a casa.

En los días siguientes, las noticias sobre Federico e Irene la bombardearon por todos lados.

Lo que más la traía con el estómago hecho nudo era que su renuncia no avanzaba.

Le marcó a Dafne, de Recursos Humanos, con quien se llevaba bien, para preguntar.

Dafne ni siquiera sabía que Gloria pensaba irse.

Y siendo asistente de la gerente de RH, el trámite de Gloria tenía que pasar por sus manos. Si a esas alturas Dafne no sabía nada, era porque Federico todavía no lo autorizaba.

Gloria se fue directo a la sede de Holding Rivadeneira.

Llegó en mal momento: Federico estaba en junta.

En la recepción le dijeron que esperara en una sala.

Llevaba como media hora cuando apareció Irene.

Traía colgado del brazo un bolso de edición limitada de temporada, el maquillaje impecable y la cara radiante. Platicaba y se reía con la gente de la oficina como si ya fuera la dueña del lugar.

Antes de entrar a la oficina de Federico, Irene vio de reojo a Gloria sentada en la sala de espera.

Le hizo una seña a Isabella Téllez, una asistente.

—¿Y esa qué?

—Vino a ver al señor Córdoba, pero no tenía cita. Por eso está esperando —respondió Isabella, sonriéndole para quedar bien.

Irene se miró las uñas y en la mirada le brilló algo. Le dijo algo en voz baja a Isabella.

A los pocos minutos, Isabella entró a la sala.

—Señora Loyola, mejor váyase. El señor Córdoba no tiene tiempo para verla.

Gloria alzó la mirada.

—La junta todavía no termina. Eso no suena a que lo haya dicho él.

Isabella se quedó trabada, sin saber qué contestar.

Gloria ya entendía por dónde iba todo.

[Mirella, cuando el señor Córdoba regrese a su oficina, avísame.]

Mirella y Isabella habían entrado el mismo día al área de asistentes.

Eran opuestas: Isabella era de las que se la pasaban quedando bien con los de arriba; antes siempre intentaba hacerse cercana a Gloria, pero Gloria nunca le siguió el juego.

Con Mirella, que era más chambeadora y directa, sí se llevaba bien.

Mirella respondió rápido con un gesto de “OK”.

Gloria tenía mil cosas pendientes de la sucursal, así que se puso a trabajar.

Sin darse cuenta, se le fue la mañana.

La puerta del salón se abrió de golpe. Mirella entró casi corriendo, con cara de culpa.

—Glori, el señor Córdoba se fue a comer al sexto piso con la señorita Orozco. Cuando terminó la junta y regresó, yo justo no estaba en el área y no lo vi.

Gloria cerró la laptop, la guardó en su portafolio y se levantó.

—No pasa nada. Si bajo ahorita, todavía alcanzo.

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