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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 190

—Señora —Irene quería encontrar un lugar para sentarse.

Pero con ese comentario, le tocó quedarse ahí, junto a Alicia.

—Federico anda ocupado —dijo Helena, siguiéndole el juego—. Tú como mamá deberías entenderlo. Además, con que tú cuides a Irene, ya estuvo. Yo ni me quejo, ¿y tú todavía lo andas criticando?

Las dos se pusieron a echarse flores una a la otra, y las demás señoras se sumaron con risas y halagos.

Irene contestó un par de frases por compromiso y luego se quedó callada, escuchando cómo las adulaban.

De vez en cuando buscaba a Federico entre la gente.

De pronto se topó con la mirada de Jaime, cargada de intención. A Irene se le fue el aire un segundo.

Jaime levantó su copa a modo de saludo.

Irene frunció el ceño y volteó hacia otro lado, fingiendo que no lo vio.

—Irene, ¿qué traes? —preguntó Helena.

Antes de venir, Helena le había repetido mil veces que ese día era para celebrar a don Mariano.

Aunque Irene estuviera furiosa por lo del embarazo de Gloria, tenía que sonreír.

Al llegar estaba bien, pero después de subir a ver a don Mariano y bajar… traía la cara de que algo andaba mal.

—Nada —dijo Irene, negando.

—Irene, sube y tráeme algo —Helena le hizo una seña con los ojos—. En la sala del tercer piso… creo que dejé mi celular allá.

—Está bien —Irene se levantó y le dijo a Alicia—: Señora, ahorita regreso.

Alicia sonrió.

—Ve, y vuelve rápido.

Irene salió del salón y se quedó esperando el elevador.

No alcanzó ni a verlo llegar cuando escuchó pasos detrás.

Jaime salió con su copa y se fue directo hacia ella.

Se abrieron las puertas del elevador. Irene se metió sin pensarlo y apretó el botón para cerrar.

—¿Y tú por qué corres? —Jaime metió la mano y detuvo la puerta—. ¿Tantas cosas has hecho que ya andas con miedo?

Dicho eso, soltó la puerta del elevador y se fue como si nada.

Las puertas se cerraron solas. En ese espacio tan reducido, a Irene se le subió el coraje.

Al rato, Helena subió a buscarla.

Al abrir la puerta de la sala, vio que Irene estaba peor: pálida, con los ojos rojos, como si hubiera aguantado el llanto.

Helena se le acercó de inmediato.

—¿No te dije que hoy es un día alegre? No puedes andar con esa cara. ¿Qué no puedes aguantar tantito, sea lo que sea?

A Irene se le reventó todo lo que traía guardado desde hacía días.

Le contó a su mamá, con lujo de detalle, todo lo que había pasado arriba.

—Mamá… ¿y si el bebé que espera Gloria es de Fede? ¿Y la familia Córdoba ya lo sabe y nos lo están escondiendo?

Helena se quedó helada. De un tirón, puso a Irene de pie.

—Ya llegamos hasta aquí. No vamos a estar adivinando. Te voy a llevar abajo a preguntarle a Federico de frente: ese niño, ¿es suyo o no?

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