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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 195

—¡Espérate, mamá!

Irene le arrebató el celular y colgó.

—Esa llamada no la puedes hacer.

Helena le apartó la mano y se lo quitó de vuelta.

—Claro que sí. No voy a dejar que te cases y te traten mal.

Irene se levantó con el celular y se alejó.

—Mamá, sepan o no sepan los Córdoba, si esto se revienta les va a armar un pleito interno. Y con don Mariano así… si de verdad le pasa algo, Fede y yo ya no nos casamos.

¡Ya había esperado demasiados años como para esperar otros tres!

Helena respondió sin dudar:

—Lo del embarazo de Gloria se tiene que aclarar. Si no, ni vale la pena esa boda.

Ella había criado a Irene pensando en que sería la esposa de Federico, sí… pero no iba a permitir que la familia Córdoba la pisoteara.

—Ya se me ocurrió cómo averiguar qué trae Gloria —dijo Irene, segura—. Esto lo arreglo yo. Tú no te metas.

Irene no era de las que se aguantaban.

A Helena le constaba cuánto le gustaba Federico desde hacía años. Al verla tan decidida, solo pudo ceder.

—Está bien. Si ya tienes un plan, adelante. Pero acuérdate: si algo se te sale de las manos, vienes conmigo. Para eso estoy.

Le dio a Irene un respaldo enorme.

Irene suspiró y le devolvió el celular.

—Menos mal que te tengo, mamá.

Se sentó a su lado, se le colgó del brazo y se puso a hacerle cariños un rato.

Al poco, Irene subió a su cuarto. Abrió el celular y entró al chat con Isabella.

[Señorita Orozco, la mujer que vio la otra vez es la directora del orfanato. Ella fue quien crió a Gloria. Lo que usted preguntó… ella seguro lo sabe.]

[Encárgate.]

Con la insistencia de Federico, Paulina se llevó a doña Valentina a casa.

Federico se quedó en el hospital todos los días, y en la empresa Gloria y Pablo se encargaron de todo.

Durante varios días seguidos, Gloria trabajó casi todas las noches hasta muy tarde.

Cuando Elena salió del hospital, Gloria ni siquiera tuvo tiempo de ir; Virginia fue quien pasó por ella.

—En unos días se le fue la cara… está bien flaquita —dijo Virginia, con el corazón apachurrado—. Lucía me contó que últimamente no puede comer. Son efectos del medicamento.

Gloria contestó la llamada desde la oficina.

A esa hora, en todo el piso de arriba, ya solo estaba ella.

Hablaba bajito, pero su voz se oía clara en el silencio.

—¿Y el doctor? ¿Ya hablaste con él?

Aquel día, el asunto de don Mariano la había interrumpido y se le fue preguntar por los gastos médicos.

—Sí. Dice que lo de Elena no es como lo de otros pacientes, que el hospital no puede hacer excepciones solo por nosotros —Virginia pensó un momento—. Luego llevo su expediente y le pido a alguien que me recomiende otro pediatra.

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