Entrar Via

EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 198

Al ver que Federico no se movía, doña Valentina le echó una mirada fulminante.

—No se preocupe —dijo Gloria.

Ya estaba adentro y había dejado la canasta en el buró.

—¿No que en unos días ya salía?

Ya habían pasado varios días. Si Federico pedía ropa, era porque todavía faltaba.

Los dos ancianos voltearon a ver a Federico, inconformes.

—Sus signos todavía no están bien. No puede salir —explicó Federico, sin alzar la voz.

Le había programado un chequeo completo a don Mariano; varias cosas salieron fuera de rango.

El doctor recomendó que se quedara en observación, mínimo otra semana.

—Yo conozco mi cuerpo. Son lo mismo de siempre. Con que llegue a casa y me tome mis remedios, me compongo —don Mariano se puso terco en cuanto hablaron de irse.

Doña Valentina le sobó el pecho.

—Tranquilo. Unos días más no te hacen daño. Federico nomás se preocupa.

—Se preocupa de que me pase algo y se les caiga la boda —don Mariano se encendió—. No te apures: aunque me quede con el puro aliento, aguanto a que se casen y ya luego me voy.

El cuarto quedó en silencio, con un ambiente tenso entre abuelo y nieto.

Más bien, era don Mariano descargando su molestia contra Federico.

Doña Valentina se apresuró a suavizar.

—Y no solo a ver la boda… también tienes que ver a los bisnietos…

—Sí —Gloria siguió la corriente—. Usted descanse y recupérese. Hágale caso al señor Córdoba.

Don Mariano resopló, todavía con el coraje atorado… pero dirigido a Federico.

Federico frunció el ceño. Gloria no supo si era porque don Mariano no cooperaba, o por otra cosa.

Solo notó que se le endureció la cara.

—Abuelo, abuela, yo ya me voy a la empresa. Otro día vengo a verlos.

Gloria se despidió en el momento justo.

Don Mariano asintió.

—Ve a lo tuyo. Yo estoy bien, no te preocupes.

Luego Gloria miró a Federico.

Gloria volteó: Lucía estaba viendo hacia afuera por la ventana.

—Me dieron el día y vine a ver a Elena.

Luego miró de nuevo hacia el almacén.

—¿Quién era la persona que pasó hace rato?

Lucía salió de la cocina, se quitó el mandil y caminó hacia ella.

—Ahorita Elena necesita que alguien esté al pendiente. Contraté a una persona más.

Cuando el orfanato se saturaba, Lucía a veces contrataba ayuda.

Aun así, a Gloria le pareció raro.

—¿Y por qué se escondió cuando me vio?

—¿Se escondió? —Lucía le tendió el mandil—. Igual iba por algo al almacén. Mejor ayúdame en la cocina con la sopa.

Gloria se hizo a un lado.

—Yo no cocino bien. Hágalo usted. Voy a checar el almacén.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA