Gloria guardó silencio, con la cara llena de rechazo.
—Yo sé que no pasó nada… pero si ese video se filtra, no sé si Irene te vaya a creer.
Jaime había visto a Gloria empujar a Federico.
Pero solo él lo había visto. Si ese video salía, nadie iba a creer que después no pasó nada.
—Diga qué quiere, señor Granados —Gloria no se atrevió a aceptar de golpe.
Jaime sonrió como quien ya ganó.
—Tranquila. A una belleza como tú no la voy a maltratar. Cuando renuncies a Holding Rivadeneira, nada más dale prioridad a Grupo Larrinaga. Ese es un extra. ¿Cómo ves?
Gloria frunció el ceño.
—Eso no es lo principal. Dígame qué quiere.
—Dos días siendo mi asistente personal —Jaime alzó una ceja, con aire de tipo pesado—. No te preocupes, es ya que Holding Rivadeneira salga de vacaciones.
Su exigencia la agarró en curva.
Gloria pensó que iba a usar el video para obligarla a cambiarse de empresa.
Si no hubiera existido ese matrimonio de dos años, Gloria no se habría dejado.
Con los videos de seguridad de la casa de Federico podría explicarle a Irene que esa noche no pasó nada.
Pero Irene y Alicia ya la traían atravesada.
No podía arriesgarse a que se armara otro escándalo.
Jaime no podía desquitarse con Federico por lo del proyecto, así que venía a desquitarse con ella.
Después de pensarlo varias veces, Gloria dijo:
—Acepto, pero nada ilegal. Y tampoco va a forzarme a hacer cosas que yo no quiera.
Jaime era un tipo insoportable y alzado, sí, pero no tenía mala fama.
Gloria no creía que fuera a hacerle daño.
—Va, queda —aceptó Jaime sin pensarlo—. Ya que salgan de vacaciones te aviso.
Se enderezó. En sus ojos pasó un brillo extraño y se subió al carro.
En solo unos minutos, Gloria quedó helada.

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