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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 309

—No trae nada. Solo fue un pretexto para venir.

Raúl se acomodó en la silla, incómodo.

—Me dio miedo que siguieras enojado conmigo y ya no quisieras tomar conmigo.

Federico agarró una caja de pañuelos y se la aventó.

—Estás buscando que te maten.

Raúl la cachó rápido, sonrió y la dejó de vuelta sobre la mesa.

—Ya me voy.

***

—¿Qué fue eso?

Apenas colgó, Virginia empezó a hacerla de tos.

—¿A estas horas te marca?

Gloria dejó el celular sobre la mesa.

—Fue por trabajo.

—¿Y qué, en Holding Rivadeneira también dan el pronóstico del tiempo o qué?

Virginia le acercó el plato y se sentó a su lado.

—A ver, habla. ¿Qué onda?

¿Qué onda…?

Gloria repasó la llamada.

No se habían salido del tema de jefe y subordinada, pero sí se sentía raro.

—De verdad fue puro trabajo. Nomás se desvió tantito a plática.

Virginia la miró como si no lo creyera.

Si no supiera que Gloria no le mentía, pensaría que habían vuelto.

Era rarísimo: el exmarido llamándole a medianoche para preguntar si se estaba adaptando y hasta cómo estaba el clima, como si no estuvieran a kilómetros de distancia.

—Ay, no… qué aferrado. Ya ni te ve y todavía te anda marcando.

Gloria comió en silencio, despacio.

Los primeros días era normal que hubiera reportes y contacto constante.

Cuando todo se acomodara, hablarían menos.

Y más adelante, con la boda, Federico le pasaría esto a Pablo y ya no lo manejaría él.

En resumen, Gloria sentía que su futuro sería como dos líneas paralelas: sin cruzarse.

—No hace falta correr —dijo Gloria—. Acabamos de mudarnos; tú todavía te estás acomodando. No te me aceleres con lo de volver a transmitir.

—No, eso sí no. Cuando nazca el bebé se va a gastar un montón. Yo tengo que adelantarme, ser tu respaldo y asegurarme de que ni tú ni el niño batallen.

Virginia bajó la mirada y le acarició la panza.

—Estos últimos tres meses es cuando más suben de peso. Come bien para que el chamaco crezca fuerte.

Gloria quería, pero no tenía mucho apetito; si comía de más, se sentía mal.

Platicaron un poco más y cada una se fue a su cuarto.

Al día siguiente, Gloria llegó puntual a la empresa.

Mirella ya la estaba esperando afuera de su oficina.

—¡Gloria!

En cuanto la vio salir del elevador, Mirella corrió hacia ella.

—No puedo creer que de verdad me agarré de ti para sobrevivir aquí.

—Compórtate.

Gloria miró alrededor. Había demasiados ojos encima.

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