—No trae nada. Solo fue un pretexto para venir.
Raúl se acomodó en la silla, incómodo.
—Me dio miedo que siguieras enojado conmigo y ya no quisieras tomar conmigo.
Federico agarró una caja de pañuelos y se la aventó.
—Estás buscando que te maten.
Raúl la cachó rápido, sonrió y la dejó de vuelta sobre la mesa.
—Ya me voy.
***
—¿Qué fue eso?
Apenas colgó, Virginia empezó a hacerla de tos.
—¿A estas horas te marca?
Gloria dejó el celular sobre la mesa.
—Fue por trabajo.
—¿Y qué, en Holding Rivadeneira también dan el pronóstico del tiempo o qué?
Virginia le acercó el plato y se sentó a su lado.
—A ver, habla. ¿Qué onda?
¿Qué onda…?
Gloria repasó la llamada.
No se habían salido del tema de jefe y subordinada, pero sí se sentía raro.
—De verdad fue puro trabajo. Nomás se desvió tantito a plática.
Virginia la miró como si no lo creyera.
Si no supiera que Gloria no le mentía, pensaría que habían vuelto.
Era rarísimo: el exmarido llamándole a medianoche para preguntar si se estaba adaptando y hasta cómo estaba el clima, como si no estuvieran a kilómetros de distancia.
—Ay, no… qué aferrado. Ya ni te ve y todavía te anda marcando.
Gloria comió en silencio, despacio.
Los primeros días era normal que hubiera reportes y contacto constante.
Cuando todo se acomodara, hablarían menos.
Y más adelante, con la boda, Federico le pasaría esto a Pablo y ya no lo manejaría él.
En resumen, Gloria sentía que su futuro sería como dos líneas paralelas: sin cruzarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA