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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 328

Se mordió el labio. El nerviosismo se le convirtió en tristeza.

—El resultado no necesariamente es malo —dijo Federico, con tono neutro.

—Si el resultado no es malo… ¿la boda sigue en pie?

A Irene se le salió la pregunta.

En cuanto la dijo, sintió la mirada de Federico, inquisitiva.

—Yo… solo estoy tratando de pensar positivo. Me da miedo que se haga otro escándalo y te meta en problemas —se apresuró a explicar.

Federico estaba erguido, con facciones marcadas, bañado por la luz de la mañana.

Su mirada, fría e indiferente, soltaba una sensación helada incluso en un clima agradable.

No le respondió.

Ese silencio le fue hundiendo el corazón a Irene.

Cuando estaba a punto de decir algo más, Pablo regresó apresurado.

—Señor Córdoba, el doctor ya está listo. La señorita Orozco puede pasar.

Irene tragó saliva y volteó, instintivamente.

Todo el piso estaba despejado hoy para sus estudios.

Al final del pasillo no había nadie.

Raúl no llegó.

¿De verdad no iba a venir?

La rabia le subió y se le notó en la cara.

—Señorita Orozco, por aquí.

Pablo se acercó para guiarla al consultorio.

Irene volvió a mirar a Federico, dando pasos cortos, como si no quisiera alejarse, y siguió a Pablo.

—Adelante, señorita Orozco. Yo me quedo afuera; si necesita algo, me llama.

Pablo abrió la puerta con cortesía.

Irene respiró hondo. Apenas metió un pie, su celular sonó dentro de la bolsa.

Lo sacó de inmediato y contestó.

—¿Qué? ¿Mi mamá qué…?

Se le descompuso la cara. Ni alcanzó a explicar nada: colgó a medias y salió corriendo.

Para cuando Pablo reaccionó, Irene ya iba rumbo a los elevadores.

—Señorita Orozco, es que…

—Señor Córdoba, ¿y si voy yo? Aquí lo necesitan. Además, usted y la señorita Orozco ya casi se casan… hay mil cosas que atender.

—Falta mucho para la boda. No corre prisa. Haz lo que te dije.

Pablo se quedó con ganas de discutir, pero al final no dijo nada.

Solo sintió que… se venía algo fuerte.

Cuando se dio la vuelta para ir a comprar los boletos, Federico añadió:

—Y no le digas a Gloria.

—Sí, señor.

A Pablo se le heló el cuerpo.

Gloria… que Dios la agarre confesada.

Federico se fue por otro pasillo. Fue directo a la oficina de Raúl, pero le dijeron que hoy no había ido al hospital.

No entraban sus llamadas, así que le pidió a Pablo que lo ubicara.

Cerca del mediodía, Pablo le mandó la ubicación exacta: Raúl estaba en un departamento rentado, cerca de la zona universitaria de Belgrano Norte.

Ese era el lugar donde Raúl había vivido cuando estudiaba.

Federico lo conocía. Fue directo.

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