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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 478

De inmediato, un reportero remató:

—Con razón le tiene tanto cariño a la señorita Orozco. ¡La señorita Orozco sí tiene madera para ser la próxima señora Córdoba, qué manera de aguantar!

La entrevista era en vivo.

La toma alcanzó apenas a captar el momento en que Irene se llevaba a Federico del brazo, alejándose.

Iban tan rápido que la cámara ni alcanzó a registrar bien la expresión de Federico.

Irene se volteó a propósito; lo único que vio la gente fue que sonrió y saludó a la cámara.

Virginia Reinoso estaba sentada junto a Gloria, viendo la transmisión en la tele, y no dejaba de negar con la cabeza.

—No, bueno… estos reporteros sí se pasan de lambiscones. Dale y dale con que Irene es una santa. ¿Santa de qué? Si no ha hecho más que meterte en broncas.

Gloria apagó la tele y se levantó a la cocina a cortar fruta.

—Jaime Granados también se regresó hoy. Me va a hacer el trámite para entrar al trabajo… y este depa ya no lo puedo seguir rentando. Ya que salga del centro de recuperación después del parto, me voy directo al departamento que él me consiguió.

Jaime le había arreglado otro lugar, más tranquilo, más adecuado para estar con un bebé.

—Va —dijo Virginia—. Yo, de paso, voy buscando algo cerca de tu nuevo depa para mudarme también.

Virginia extendió una mano, como si fuera micrófono.

—A ver, cuéntame: ya te faltan poquitos días para la fecha. ¿Qué sientes?

Gloria se acarició la panza, redonda y firme, como una sandía chiquita.

—Estoy emocionada… pero también traigo una preocupación que ni sé explicar.

—Es normal. Es tu primer bebé —Virginia la abrazó—. Échale ganas. Yo me meto contigo al parto, ¿eh?

Gloria asintió. Sin Virginia, ni siquiera sabía cómo habría aguantado un embarazo tan largo y tan desconocido.

Ni cómo iba a recibir a esa vida que llevaba tanto esperando.

—El veinticinco te toca revisión otra vez —le recordó Virginia—. Pero antes de eso, si te sientes mal, lo que sea, me avisas. Nos vamos al hospital en friega. Ya estás a término; en cualquier momento puedes entrar en labor, ¿sí me entiendes?

—Sí, ya sé.

Irene tenía miedo de que la boda se le cayera.

Y como Federico ya no volvió a mencionar lo del chequeo médico desde que regresó, ella se sentía como si se hubiera sacado la lotería; ni de chiste iba a ponerse a provocar.

—¿Cómo que después? —Alicia miró la hora—. Quedó de venir al ensayo y ni sus luces. ¡Mañana es la boda! ¿Qué se cree?

Irene miró el enorme salón. El personal corría de un lado a otro.

El maestro de ceremonias iba repasando el programa, explicándoles el orden a los mayores de la familia Córdoba y de la familia Orozco.

Y a un lado de Irene… no había nadie.

—Señora, ya es tarde. Ahorita aunque lo busque, no llega. Mejor sigamos con el ensayo.

Por más que Irene se sintiera dolida, no se atrevía a dejar que Alicia fuera a buscar a Federico.

Alicia solo pudo tragarse el coraje.

—Está bien. Vamos a seguir. Pero en cuanto tenga un hueco, voy a ir por él. Mañana no puede salir nada mal.

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