Esperó hasta el mediodía y él no apareció. Como no quería dejar sola a su hija por tanto tiempo, decidió regresar a casa.
Puedes huir hoy, pero no podrás esconderte siempre.
No podría evitarla toda la vida.
Esa misma tarde, Elara recibió una llamada de Viviana Lucero. —Renato se va esta noche. Ven con Dylan a la Casona Lucero para cenar todos juntos antes de que se vaya.
Si se trataba de cenar con Renato, Dylan no se atrevería a faltar.
Elara sintió que el universo conspiraba a su favor. —Llegaré a tiempo, pero Dylan no me contesta las llamadas. Comunícate tú con él.
—¿Por qué no te contesta?
—Porque le voy a pedir el... —La palabra "divorcio" se quedó en la punta de la lengua y Elara se la tragó. Había recordado que Renato seguía en Solsepia.
No podía permitir que él se enterara del divorcio todavía. Si ese hombre metía las manos en el asunto, separarse sería un infierno.
—¿Qué le vas a pedir? —preguntó Viviana.
—Voy a pelear con él.
Viviana claramente no esperaba esa respuesta. Se quedó en silencio un par de segundos antes de que su voz chillona estallara por el auricular: —¿Acaso sigues haciendo berrinche por la tontería de la enfermedad de Vali? ¿Por qué eres tan resentida? ¿Vale la pena enojarse tanto por una pequeñez?
¿Pequeñez?
Una hernia estrangulada podía ser mortal si se agravaba, ¡y Viviana tenía el descaro de llamarla una pequeñez!
Pero no tenía caso. Viviana nunca había considerado a Vali como su nieta, ¿para qué desgastarse discutiendo con ella?

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